Es importante aprender a escuchar a las demás personas con atención, apertura y respeto para darles el espacio que les permita expresarse, sin interrumpirlas o invalidar sus argumentos simplemente porque son diferentes del nuestro o porque tratemos de anteponer a sus planteamientos nuestros juicios e ideas.
Escuchar con calma y atención no significa negar nuestros argumentos para darle la razón absoluta a los demás; más bien implica darnos el espacio necesario para aclarar nuestras ideas y elegir la respuesta o el comentario que vamos a hacer, para clarificar la situación o mantener la conversación con la otra persona, además de mostrarle que estamos sinceramente interesados en conocer su opinión y punto de vista.
Claves para escuchar con atención
• Siéntete interesado en escuchar a la persona que tienes delante de ti. Recuerda que los gestos revelan nuestra disposición al diálogo. Es importante que mantengas una postura relajada, sin cruzar los brazos y con una expresión amable que transmita confianza.
• Hazle saber que no estás apurado y que tienes tiempo para escucharla. A veces solo hacen falta unos minutos para que la persona se exprese y recupere la tranquilidad o la claridad que le hacía falta.
• En lugar de atender solo a las ideas que tienes en tu mente, practica escuchar a la otra persona, sin prejuicios y sin justificarte. Muéstrate interesado en conocer su punto de vista sin interrumpirla y sin corregirla. Cuando llegue tu momento de hablar, úsalo para decir lo que piensas o sientes, siempre de la mejor manera.
• Cuando vayas a conversar con una persona querida, recuerda colocarte en su lugar para comprender mejor sus comentarios y evitar así tomarlos de una manera personal. Elige las palabras adecuadas para expresarte y evita usar la agresión velada para lastimarla y tener que justificarte más tarde esgrimiendo una malentendido de tu parte.
• Evita dar consejos. Muchas veces, cuando la otra persona se siente escuchada, va encontrando por sí misma ideas que le ayudan. Otras veces, el solo hecho de poder expresar sus emociones o pensamientos en un espacio de confianza, le permite recuperar la claridad que le hacia falta.
• Con la expresión corporal, muéstrale a la persona que sigues atentamente la conversación. De vez en cuando asentir con un movimiento de tu cara o repetir alguna frase o comentario le reafirmará tu interés en continuar escuchando.
• Cuando la persona te lo pida, anímate a compartir tu punto de vista. Hazlo de forma respetuosa, recordando que una misma situación puede ser interpretada de manera distinta y que estas diferencias, en lugar de separarlos, pueden enriquecer la comunicación.
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Para comprobar que las cosas “no están bien” basta que atiendas a algunas señales externas de cómo se establece la comunicación entre las personas que comparten un espacio, bien sea el hogar o la oficina.Malentendidos, discusiones, provocaciones y reacciones inesperadas que conducen al malestar o la rabia son algunas de estas realidades que se repiten hasta causar desgaste o rupturas entre las personas. Quiero enseñarte algunas técnicas para minimizar el riesgo de que sigan repitiéndose estas situaciones y puedas promover un ambiente de respeto y tolerancia. En primer lugar, y como te he repetido en varias ocasiones, el respeto es el punto de partida. Siempre he creído que el respeto no es negociable. Esto quiere decir que no puedes “otorgar” esta ponderación como si fuese una jerarquía en la que existe gente que se merece toda tu amabilidad y otra en la que algunas personas son objeto de tus burlas o prejuicios. No hay nada peor que ostentar cargos de autoridad e instituir el irrespeto como una forma de referirte a determinadas personas. Cuando validas esta forma de relacionarte, te expones a ser objeto de chismes, burlas e irrespeto también. Recuerda que cada acción que generas es retribuida en forma ampliada.

