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Tu ser interno no es otra cosa que TU Cielo interno.

El cielo está vacío, pero el cielo vacío lo contiene todo, toda la existencia, el sol, la luna, las estrellas, la tierra, los planetas.

El cielo vacío da espacio a todo lo que es, forma el trasfondo de toda la existencia.
Las cosas vienen y van, y el cielo sigue siendo el mismo.

Exactamente de la misma forma tienes un cielo interno, que también está vacío. Las nubes vienen y van, los planetas nacen y desaparecen, las estrellas surgen y mueren, y el cielo interno permanece igual, intocado, inmaculado, íntegro.

A ese cielo interno lo llamamos sakshin, el testigo, y es el objetivo de toda meditación.
Entra y disfruta del cielo interno. Recuerda: no eres ninguna de las cosas que puedes ver.
Puedes ver los pensamientos, entonces no eres los pensamientos; puedes ver los sentimientos, entonces no eres los sentimientos; puedes ver los sueños, los deseos, los recuerdos, las imaginaciones, las proyecciones, entonces no eres nada de eso.
Sigue eliminando todo lo que puedas ver. Entonces, un día llega el momento tremendo, el momento más significativo de la vida, cuando no queda nada que rechazar.
Todo lo visto desaparece y sólo queda el que ve. Y el que ve es el cielo vacío.
Saber es no tener miedo, y saber es estar lleno de amor. Saber es ser Dios, es ser inmortal.

No hay manera de contaminar el cielo, de dejar impresiones en él, de dejar huellas. Podemos dibujar líneas en el agua pero, en cuanto las hacemos, desaparecen; si las hacemos sobre piedra durarán miles de años. Simplemente no podemos dibujar líneas en el cielo, por tanto, ni siquiera nos planteamos la cuestión de su desaparición. Por favor, entended esta diferencia.
No podemos dibujar líneas en el cielo: puedo mover mi dedo por el cielo: el dedo pasa, pero no dibuja ninguna línea y ni siquiera surge la cuestión de su desaparición.
El día que una persona va más allá de la mente, cuando su conciencia transciende la mente, experimenta que, al igual que en el cielo, hasta el momento no se han dibujado líneas en el alma.
Es eternamente pura, eternamente iluminada, la polución no le ha afectado nunca.

Extraido de Ser, Luis Padron

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