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Olvida los ayeres, olvida los mañanas. Este es nuestro día, celebrémoslo y vivámoslo

“Lo que estoy haciendo aquí es multidimensional. No son plenamente­ conscientes de lo que estoy intentando hacer; quizá sólo puedan darse cuenta cuando me haya ido. No estoy intentando darles esperanzas en el futuro –porque eso ha fallado–; estoy intentan­do darles una esperanza en el aquí y ahora. ¿Por qué preocuparse del mañana?… porque el mañana no ayuda….

Estoy intentando hacer que este momento sea de una plenitud, de un contentamiento tan profundo que no haya necesidad de dese­ar vivir. Se necesita el deseo de vivir porque no estás vivo. El deseo te mantiene en alto; tú te vas deslizando cuesta abajo y el deseo te sube. Yo no estoy intentando darte un nuevo deseo de vivir, estoy simplemente intentando enseñarte a vivir sin ningún deseo, a vivir gozosamente. Es el mañana lo que te envenena. Olvida los ayeres, olvida los mañanas. Este es nuestro día; celebrémoslo y vivámoslo. Y sólo con vivirlo serás lo suficientemente fuerte como para, sin la voluntad de vivir, ser capaz de resistir toda clase de enfermedades, todas las actitudes suicidas.

Simplemente estar plenamente vivo es un poder tal que no sólo puedes vivir tú, sino que puedes hacer que otros se inflamen, se enciendan.

Este es un hecho bien conocido. Cuando hay grandes epide­mias, ¿te has preguntado por qué los doctores y las enfermeras y otros no se infectan? Son seres humanos igual que tú, y están des­bordados de trabajo y son más vulnerables a la infección porque están continuamente cansados. Cuando hay una epidemia no pue­des limitarte a una jornada de cinco o seis horas o a una semana de cinco días. Una epidemia es una epidemia; a ella no le importan tus vacaciones o si estás desbordado: tienes que trabajar. La gente tra­baja dieciséis horas, dieciocho horas, cada día, durante meses. Aun así, los doctores, las enfermeras, el personal de la Cruz Roja no se infectan….

No, esas personas están tan implicadas en ayudar a los demás que no tienen ningún mañana. Este momento les concierne tanto que no tienen ningún ayer. No tienen ningún momento para pensar, ni tan siquiera para preocuparse: «Puedo infectarme». Su implica­ción… Cuando hay millones de personas muriendo, ¿puedes pensar en ti mismo, en tu vida, en tu muerte? Toda tu energía está encami­nada a ayudar a la gente, a hacer lo que puedas hacer. Te olvidas de ti mismo, y debido a que te has olvidado de ti mismo no puedes infectarte. La persona que podría infectarse está ausente; no está, porque está completamente implicada en hacer algo, está inmersa en algún trabajo.

No importa si estás pintando o esculpiendo o si estás sirviendo a un ser humano moribundo; no importa lo que estás haciendo, lo que importa es: ¿estás completamente implicado en el aquí y ahora? Si estás implicado en el aquí y ahora estás completamente fuera del área donde es posible infectarse. Cuando estás tan impli­cado tu vida se convierte en una fuerza torrencial. Y ya verás: en un tiempo de epidemia, cuando las personas mueren a cientos, hasta un doctor perezoso se olvida súbitamente de su pereza; un doctor anciano se olvida súbitamente de su edad…

Sólo la meditación puede liberar tu energía aquí y ahora. Y entonces ya no hay ninguna necesidad de ninguna esperanza, de ninguna utopía, de ningún paraíso en parte alguna. Cada momento es un paraíso en sí mismo….”.

Osho.

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