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En este 2010 tu Familia es lo primero

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¿Estás satisfecho con tu vida familiar en la actualidad?, ¿sientes que vives entre personas en las que puedes confiar, te quieren y se ocupan de ti?, ¿sientes deseos de regresar a tu casa? Si puedes contestar afirmativamente a las preguntas anteriores, es bastante probable que pertenezcas a una familia sana o nutritiva.

Cuando queremos saber si un sistema familiar carece de salud, los parámetros en ocasiones no son tan claros; sin embargo, se puede reconocer porque de inmediato sientes malestar.

¿En ocasiones has experimentado la sensación de estar en un hogar que parece un congelador, por la frialdad entre sus miembros?, o ¿sientes como si estuvieras en una montaña rusa, mareado y con poco equilibrio o tenso? En paralelo, el cuerpo reacciona inmediatamente, se revuelve el estómago, sientes dolor en los hombros, la espalda y la cabeza. El aspecto de sus rostros es huraño o triste y los ojos esquivan las miradas, más o menos en conclusión no hay alegría, ¿la familia a la que perteneces tuvo alguna vez estas características?, entonces ese sistema familiar podría estar enfermo.

¡Qué distinto es estar con una familia sana!; en la que predomina la bondad y amabilidad, consideración, comunicación, consenso en los valores a inculcar a los hijos, respeto mutuo, cada miembro aparece como: competente, espontáneo, disfrutan los unos de los otros y expresan abiertamente los sentimientos, actitudes y creencias.

Por supuesto que para que impulsar la salud familiar debemos contar con una pareja sana. Es por ello que el trabajo familiar se centra en el trabajo de parejas. Y para hablar de parejas sanas algunos parámetros definitorios podrían ser: clara evidencia de respeto mutuo, un proyecto de vida compartido, relaciones sexuales satisfactorias y tendencia monogámica, entre otros.

Parece que en todas las culturas la pareja realiza una especie de contrato metafórico al inicio de la relación, para determinar no sólo si habrá o no matrimonio, sino también para establecer las reglas de las relaciones mismas.

La construcción de las reglas en las que se sustenta la pareja, así como las reglas de relación es un proceso circular de influencia recíproca en el tiempo. Ninguna pareja inicia una construcción a partir de cero, sino que cualquier individuo tiene un sistema de creencias y de expectativas en relación al matrimonio que se ha estructurado a partir de la experiencia en la familia de origen, es decir, el equipaje que trae de sus padres, condimentado con otras experiencias matrimoniales o de pareja; aunado a ello, todo está inmerso en la cultura de una sociedad específica.

Por tanto, la salud de una familia y de parejas depende de la fuerza del equipo diádico, el matrimonio es esencialmente un tipo de sociedad y una ocupación. Para algunos, es una vocación de tiempo completo. Si cada miembro de la pareja estudiara lo que espera dar y recibir del matrimonio y de su consorte, se podrían evitar muchos sufrimientos y esperanzas frustradas que “heredan los hijos”.

Es por ello tan importante vivir sin culpas, intentando aceptar a su pareja e hijos como son, mirar a su propia familia y partiendo de ella construir o reconstruir los ideales de salud familiar.

Descubrir cómo nos relacionamos con nuestros seres queridos, nos permitirá mejorar nuestras relaciones y potenciar la salud mental intrafamiliar

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