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A veces es preciso derribar algunos muros (Maytte)

No nos toca a nosotros decidir el último capítulo, cuando la vida está preparándonos otro más bello”

 

En la vida no

siempre es cuestión de construir. A veces es preciso destruir. Cuando todo lo veamos oscuro, pensemos si no habrá algún muro que nos impide la claridad. 
habrá algún muro que nos impide la claridad.

Este domingo quiero compartir con ustedes esta vieja historia…

Un peregrino recorría su camino cuando cierto día pasó ante un hombre que parecía ser monje y que estaba sentado en el campo. Cerca de allí, otros hombres trabajaban en un edificio de piedra. 
‘¿Quiénes son esos que están trabajando en la abadía?’, preguntó el peregrino.
‘Mis monjes, y yo soy el abad’, le contestaron.
‘Es magnífico… Es estupendo ver levantar un monasterio’, comentó quien estaba de paso.
‘Lo estamos derribando’, dijo el abad.
‘¿Derribándolo?’, exclamó el peregrino. ‘¿Por qué?’.
‘Para poder ver salir el Sol todas las mañanas'”.

En la vida todos solemos construir grandes muros, a veces incluso muy bellos, pero que nos dificultan ver el Sol. Tenemos demasiados muros que nos impiden ver a los demás. Incluso ponemos muros que no nos dejan ver ni a aquellos que están a nuestro lado.
El muro de “yo soy así”, que nos impide ver y aceptar a los demás como ellos son.
El muro de “yo pienso que las cosas tienen que ser así”,  que nos impide respetar el modo cómo las ven los demás, como si fuésemos los únicos que tenemos ojos para ver, y gusto para discernir.
El muro de “a mí no me cambia nadie”, que nos impide ver la luz de la verdad que los demás quieren irradiar sobre nosotros, perdiendo las señales que cada día Dios nos envía a través de los acontecimientos de la vida.
El muro de “yo soy el jefe”, que nos impide ver que los demás también piensan, y que tienen cabeza.
El muro de “las cosas que tengo y he conseguido en la vida”, que nos cierra a la luz que Dios nos envía a través de las necesidades de los demás.
El muro de “mis tristezas y preocupaciones”, que nos cierra sobre nosotros mismos y nos impide abrirnos a la alegría de la vida.
El muro de “yo hice tal cosa y ya estoy marcado para siempre”, el cual nos impide el gozo y la alegría de saber que el pasado ya no existe y que lo existe es el presente y el futuro que está amaneciendo.

En la vida no siempre es cuestión de construir. A veces es preciso destruir. Cuando todo lo veamos oscuro, pensemos si noEste domingo quiero compartir con ustedes esta vieja historia…

Un peregrino recorría su camino cuando cierto día pasó ante un hombre que parecía ser monje y que estaba sentado en el campo. Cerca de allí, otros hombres trabajaban en un edificio de piedra. 
‘¿Quiénes son esos que están trabajando en la abadía?’, preguntó el peregrino.
‘Mis monjes, y yo soy el abad’, le contestaron.
‘Es magnífico… Es estupendo ver levantar un monasterio’, comentó quien estaba de paso.
‘Lo estamos derribando’, dijo el abad.
‘¿Derribándolo?’, exclamó el peregrino. ‘¿Por qué?’.
‘Para poder ver salir el Sol todas las mañanas'”.

En la vida todos solemos construir grandes muros, a veces incluso muy bellos, pero que nos dificultan ver el Sol. Tenemos demasiados muros que nos impiden ver a los demás. Incluso ponemos muros que no nos dejan ver ni a aquellos que están a nuestro lado.
El muro de “yo soy así”, que nos impide ver y aceptar a los demás como ellos son.
El muro de “yo pienso que las cosas tienen que ser así”,  que nos impide respetar el modo cómo las ven los demás, como si fuésemos los únicos que tenemos ojos para ver, y gusto para discernir.
El muro de “a mí no me cambia nadie”, que nos impide ver la luz de la verdad que los demás quieren irradiar sobre nosotros, perdiendo las señales que cada día Dios nos envía a través de los acontecimientos de la vida.
El muro de “yo soy el jefe”, que nos impide ver que los demás también piensan, y que tienen cabeza.
El muro de “las cosas que tengo y he conseguido en la vida”, que nos cierra a la luz que Dios nos envía a través de las necesidades de los demás.
El muro de “mis tristezas y preocupaciones”, que nos cierra sobre nosotros mismos y nos impide abrirnos a la alegría de la vida.
El muro de “yo hice tal cosa y ya estoy marcado para siempre”, el cual nos impide el gozo y la alegría de saber que el pasado ya no existe y que lo existe es el presente y el futuro que está amaneciendo.

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Una respuesta

  1. hola que haces este es un mensage tu eres una al mi radora famosa y que la puedes mirar en estos dias es hynposibles tu de bas de aser una foto de tu nobre tu puedes todos pueden tu eres una persona muy inportate no in porta gueno un poquito s tu lo cres yo si pero no in porta tu de sision tu eres una persona famosa dimelo me una bes si gueno chao eso era eso listo chao listo

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