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Por el huevo de oro…

Perdí mi ciudad durante la guerra. Es por eso que siempre quise construir mi propio pueblo. Lleva un nombre Alemán: Küstendorf. Ahí organizaré seminarios para quienes quieran aprender a hacer cine, conciertos, cerámica, pintura. Es el lugar en el que viviré y donde algunas personas podrán venir de vez en cuando. Por supuesto que habrá otros habitantes que trabajarán ahí. Sueño con un espacio abierto con una diversidad cultural que se organice contra la globalización.” (Emir Kusturica, julio 2004).

Este sueño de un director de cine y músico no sólo es realidad, sino que comienza a tener renombre, sobre todo gracias al festival de cine que porta el mismo nombre de la aldea: Küstendorf; y en el que puedes ganar un huevo de oro. Emir Kusturica, un serbio con un afán de contar historias, construyó un pueblo de la nada y ha cumplido al 100% con su propósito inicial, que además porta ya un premio de arquitectura y que originalmente fue el set de la película “Life is a Miracle” (”La vida es milagro”).

Suena fácil, pero pensemos un poco: hace falta elegir un lugar, diseñar un pueblo, construirlo, contratar gente, promoverlo para conseguir empleados, organizar los cursos, tener alumnos, poco a poco hacer al pueblo sustentable, tener amigos y contactos para hacer un festival de cine de renombre, y por supuesto conocer a Johnny Depp para que se convierta en el invitado de honor en su tercera ocasión y poder obsequiarle con una estatua. Claro que todo comienza con un sueño… El de Kusturica.

¡¿Qué qué?! Resumamos. Küstendorf es un pueblo que comenzó a crearse en el 2004 y hoy es una realidad. Todo está hecho de madera, tiene premios por su diseño y por su amabilidad ecológica, se encuentra en el suroeste de Serbia, tiene ya una estatua en honor a Johnny Depp y premia con huevos de oro a los cineastas más prometedores. ¡Ah! Lo olvidaba, también cuenta con un resort para esquiar en el invierno, a un par de kilómetros, también creado desde cero.

Vale yo no soy Kusturica, pero sí me gustaría ir a conocer tan pintoresco pueblo, que quizá por su propia curiosidad y sus invitados de honor, deje de ser un secreto montañoso y se convierta en obligación curiosa para unos cuantos. No hay alfombras rojas y propone una cultura no-comercial, y ojalá lo siga siendo, ya que parte de su encanto tiene que ver con su “independencia”.

También llamado Drvengrad (el pueblo de madera), Mecavnik (el nombre del pueblo vecino), o hasta Sharingrad (el pueblo multicolor), Küstendorf acoge desde este 13 de enero hasta el 19 su festival de Cine y Música anual.

¿Se te antoja rendirle una visita? Échale un vistazo aquí o aquí y cuéntanos.

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