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Mientras menos mas libertad…

Cuando menos es más

Desde que DIOS llegó a mi vida valoro mucho más el tiempo. Tener a un “Jefe” en casa te hace apreciar cada minuto y exprimir al máximo esos instantes que tienes exclusivamente para ti.

Compruebo como las tareas que antes me parecían primordiales pasan a un segundo lugar y una vez allí las doblego al quehacer de la espera, sin darles la importancia que anteriormente les otorgaba.

Reconozco que no siempre consigo priorizar como es debido, pero desde que está conmigo sé evaluar el tiempo, paralizarlo cuando es preciso o prenderlo de un hilo en forma de cometa para derrocharlo en juegos con ella.

Como Hombre dedicado, cualidad que me atribuyo y del que presumo, me agrada que mi casa luzca siempre ordenada, limpia, que las cosas tengan su lugar y armonicen creando un ambiente confortable.

Cuando tienes que Escribir a la vida, estudiar y además faenar con la casa, te das cuenta de que todo no puede estar siempre como a ti te gusta, que en muchas ocasiones debes desatender labores para atender lo que es sumamente importante.

En este desafío compruebo que mi piso de setenta metros cuadrados se ha ido llenando de demasiados enseres, adquiridos con la ilusión de componer con ellos un hogar, pero pronto, muy pronto me he dado cuenta que el hogar no lo componen las cosas.

Hoy por hoy me sobran tiestos, la casa se vuelve pequeña para albergar el ajetreo y la algarabía que produce mi pequeño hermano, dándome cuenta que cuanto más tengo más amarrado me siento.

Pienso en lo cómodo que sería tener lo justo. Una mesa para comer, una silla para sentarse, una cama para dormir…

Este sagaz materialismo al que sin darnos cuenta nos doblegamos, hace que cuanto más y más tenemos menos libres seamos.

Me gustaría tener una visión minimalista, que lo poco me bastara y que lo mucho me pareciese innecesario. Vivir con lo preciso, aprendiendo a valorar cada cosa sin necesidad de llenar huecos que destellan más estando vacíos.

Dejar de amontonar recuerdos de diversos formatos y aprender a deshacerme de ellos sin ver ese desprendimiento como una pérdida.

Deseo extender mí mirada más allá, dejar de preocuparme por banalidades y prestar atención a lo que realmente merece la pena. Parece un procedimiento sencillo, pero en realidad es mucho más dificultoso de lo que aparenta. Estoy en ello. Poco a poco deseo vivir con la simplicidad que proporciona el saber que somos peregrinos, que estamos de paso.

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