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Maytte siempre Maytte (Camino a tu interior)

Esta semana quiero compartir con ustedes esta historia…

“Un día, un empleado tuvo una discusión muy fuerte con el jefe de la compañía, pues fue responsabilizado injustamente de no haber logrado las metas que se esperaban, debido a problemas ajenos a la empresa. Éste llegó a su casa de mal humor y sin poder contenerse, gritó a su esposa porque no estaba lista la cena, ella quiso justificarse, pues se había dañado la cocina, pero él ni siquiera la escuchó.

Inmediatamente, la señora fue a la cocina y gritó a la empleada porque la comida que estaba preparando no era la preferida de su esposo, a pesar de que horas antes, ella misma había elegido el menú.

La empleada, que era una persona amorosa y comprensiva, no le reclamó su maltrato, sólo le respondió con una sonrisa, mientras le decía: ‘Señora, le prometo que mañana le haré su comida favorita y estará una hora antes de lo acostumbrado. Ahora discúlpeme, pero me gustaría cambiar las sábanas de su cama por unas más limpias y frescas, para que usted y su esposo puedan descansar en paz, no se preocupe que mañana se sentirá mejor'”.
Cuántas veces reaccionamos de la misma manera que aquellos que nos afectan con sus comentarios y actitud, pero nos sentimos justificados en el comportamiento inadecuado que ellos tuvieron primero que nosotros& Vale la pena que asumamos el control y la responsabilidad de nuestra vida emocional, que dejemos de buscar culpables de nuestro malestar y que decidamos hacer cuanto sea necesario para recuperar y mantener nuestro bienestar y una mejor actitud hacia los demás.

La mirada interior nos permitirá descubrir quiénes somos, qué queremos y qué necesitamos transformar para recuperar el balance y la serenidad.

Decidamos romper con el círculo de agresiones y maltrato en el que pudiéramos sentirnos atrapados en la relación que mantenemos con los demás; especialmente con nuestras personas queridas. No importa si es el otro con su comportamiento, comentarios y actitud quien nos hace sentir afectados, lo verdaderamente importante es resistir el hábito que tenemos de reaccionar de la misma manera. No permitamos que el malestar, el miedo o la agresividad de los demás nos contagien; seamos, en todo momento, un elemento de paz y conciliación.

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