Diario de un amor: Día 3

Me desperté a retirarme a la ciudad el frió era algo insufrible no había nadie en la casa era como si todos se habían olvidado de mi, era tan diferente a la ciudad. El coche esperaba afuera no sabia si era mi prisa o el claxon lo que me estaba agobiando, llevamos mucho transcurrido el chofer no se quiere parar en ningún lado, pero solo estamos a 3 kilómetros de la llegada. Ya llegamos a la ciudad es algo tan mágico que con solo saludar se consiguen amigos, pero no debo olvidar mi misión ahora que es la de tomar parte en las sesiones del juzgado de paz y del tribunal del distrito. Luganovich me invito a comer algo bastante inesperado y extraño comparado con su actitud desde que nos

conocimos, me cambie de ropa y fui a su invitación. Mi mayor sorpresa fue el haber podido conocer a Anna

Alekseyevna su esposa una muy

joven señorita con un chiquillo de 6 meses, No entiendo lo estupefacto que me dej

o su persona esa personalidad tan maravillosa. pero yo estaba en la comida, todo ello me resultaba clarísimo: veía a una mujer joven, hermosa, bondadosa, inteligente, fascinante, una mujer como no había visto nunca antes. En ese momento tuve la sensación de que aquél era un ser muy allegado a mí y ya conocido, como si ya antes, largo tiempo atrás, en mi infancia, hubiese visto precisamente ese rostro, esos ojos inteligentes y atractivos en un álbum que ten

ía mi madre encima de la cómoda.

Yo mencione algo que no recuerdo ahora y ella muy gentil mente le decía a su marido con un leve movimiento de cabeza que si y que era muy extraño eso, yo siempre me paso de copas y ellos eso era lo que ellos se imaginaban que haría pero algo me decia que no debia hacerlo. Después de la comida tocaron el piano a cuatro manos; luego llegó el anochecer y yo me volví al hotel…

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