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RelacionARTE…

En las relaciones con nuestros familiares, amigos, vecinos y compañeros de trabajo tenemos toda una escuela de desarrollo humano y de avance espiritual. Algunas relaciones son fáciles y placenteras, otras son un reto para poner en práctica lo que sabemos en teoría; todas pueden ser enriquecedoras.

Amar al prójimo como a ti mismo… o por lo menos tratarlo con amabilidad y respeto – ésta es una Tarea con T mayúscula, que nos llevaría a concientizar que todos somos partes de un todo, que lo que hacemos a alguien se nos devuelve y nos impacta de alguna manera y, lo más importante, que en ese prójimo, en ese otro, está también la chispa divina, aunque no la veamos.

Podemos asumir esta tarea a conciencia, saber que podemos crecer como persona cada vez que nos relacionamos con los demás. Te invito a que lo hagas: cuando la relación con una persona es problemática, pregúntate qué parte de ti puedes mejorar, como por ejemplo tu capacidad para poner límites, para aceptar al otro como es, sentirte con derecho a expresarte y hacerlo con respeto, etc. Si te molesta o te duele mucho algo de alguien, esa persona está removiendo en ti algo que bien vale la pena revisar y sanar.

Muchas veces, la manera como nos relacionamos con los demás tiene su origen en las relaciones que tuvimos con nuestros padres y familiares más cercanos en la infancia. De allí la importancia de revisar y sanar la relación que tenemos con nuestros padres, estén vivos o no.

Es importante perdonar lo que sea que les reprochemos. Cuando hablo de perdonar me refiero a dejar el resentimiento, la rabia y el dolor. A veces, las cosas no sanadas en la relación con los padres se repiten en otras relaciones de adulto.

Un ejemplo: si tu papá era una persona distante y tú sentías que tenías que hacer muchas cosas, hasta pararte de cabeza, para que te tomara en cuenta, es muy probable que “consigas” una pareja que a veces entre en mutismo y en distanciamiento emocional. Esa sensación de que no te toma en cuenta, ese dolor y rabia pueden tener su origen en esa faceta de tu relación con tu papá. Más vale que aceptes, desde esa niña que fuiste y que está adentro de ti, a ese papá tal y como fue. Practica el perdonar, amar y agradecer; sobre todo con esa pareja: perdónale por mostrarte eso que no has sanado, mándale amor y agradécele la oportunidad de sanar esa niña herida.

Hay quienes dicen “si te molesta lo del otro es porque tú también eres así”. Yo no lo veo así. Si te molesta mucho que tu compañero sea flojo, por ejemplo, es posible que tú no lo seas, sino que, por el contrario, trabajas demasiado y no te das un descanso; es posible que te moleste porque estás justo en lo opuesto y necesitas un equilibrio. La otra persona es un espejo que envía una imagen de algo que nos conviene revisar.

Ve al otro como un hijo de Dios en evolución, obsérvalo como otro tú que también tiene cosas que aprender, esa persona tiene sus tareas, concéntrate tú en las tuyas, y con paciencia y amabilidad hacia ti mismo.

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