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Maytte: ¡Mejor imposible!

“Todas las mañanas me miro al espejo y me digo: ‘Hoy tienes dos opciones: estar de buen humor o de mal humor’. Obviamente escojo la primera”

Pepe era un compañero asombroso, animado y de buen humor, un motivador innato. Por grave que fuera la situación, siempre tenía algo bueno que decir. Si alguien le preguntaba cómo estaba, decía: “Mejor imposible”.

Una vez le pregunté: “Pepe, cómo es posible ser una persona positiva todo el tiempo, nunca se te ve agobiado, preocupado o renegando de la vida como a todos nosotros. ¿Acaso no tienes problemas?”.

“Claro que sí, pero aprendí una técnica que me enseñó mi abuelo y que todas las mañanas, sin falta, la practico”, me contestó.

“Y en qué consiste esa técnica?”, repliqué. “Es fácil, me miro al espejo y me digo: ‘Pepe, hoy tienes dos opciones: estar de buen o de mal humor; y, obviamente, escojo la primera. Y cada vez que ocurre algo malo me pregunto: ‘Pepe, quieres dañar tu buen humor y amargarte o aceptar la situación y aprender de ella?’. Obviamente yo escojo aprender de ella. Cada vez que alguien viene a pelear conmigo puedo elegir discutir o puedo evitar la confrontación y buscar el diálogo que nos permita encontrar juntos una solución. Cada vez que se presenta algo desagradable puedo estresarme y amargarme o buscar su lado positivo. Es una cuestión de elección, es uno quien decide cómo va a vivir la vida”.

Con el tiempo perdí contacto con Pepe, hasta que un día me enteré de que había tenido un accidente: intentaron atracarlo y estuvo en peligro de muerte. Fui al hospital a visitarlo, y cuando le pregunté, tontamente, cómo estaba, me contestó con un gran esfuerzo, pero con mucho entusiasmo: “Mejor imposible”.

Conversamos un rato y, finalmente, le pregunté qué había sentido cuando estaba en el suelo herido y sangrando. “Pues pensé que podía elegir entre vivir o morir, elegí vivir y cuando me llevaron al hospital y vi las caras de los médicos y las enfermeras, entré en pánico y me asusté. Uno de los médicos, con desesperanza, me preguntó si era alérgico a algo y le dije: ‘Sí, doctor, a la balas’. Se rompió el hielo y todos rieron. Entonces, desde el fondo de mi corazón, le dije: ‘Estoy escogiendo vivir, opéreme como si esa fuera la única opción, haga lo mejor'”.

Pepe vivió por la maestría de los médicos, pero, sobre todo, por su actitud. Nuestra elección debe ser vivir plenamente, por eso la actitud es cuestión de vida.

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