El corazón vulnerable del guerrero espiritual (Adriana Paoletta)


La base de la compasión se establece, en primer lugar, hacia nosotros mismos. La verdadera compasión, nace de un sentido saludable de sí mismo, de la consciencia de quienes somos, que honra nuestras propias capacidades y temores, nuestros propios sentimientos de integridad y el bienestar de cada criatura sintiente.

Se trata de una respuesta espontánea, al sufrimiento y al dolor. Se trata de un sentimiento de resonancia mutua a la pérdida y el dolor.

A medida que nuestro corazón se cura, busca naturalmente la sanación de todo aquello que toca. La compasión por nosotros mismos produce el poder de transformar , el resentimiento en perdón, el odio en amistad , y el temor , en respeto por los demás seres.
Nos permite ampliar,de un modo confiado y auténtico el calor, la sensibilidad auténtica y la apertura hacia las penas que nos rodean.
Cuando abrazamos el camino espiritual, debemos también abrazar al sufrimiento, del que nos haremos conscientes, cada vez con mayor hondura. La consciencia que despertamos ,al profundizar en nuestra práctica interior, será un rayo de luz implacable, que nos hará ser ,cada vez más sensibles.
Algunos de mis alumnos ,se asustan de esa nueva capacidad sensible, que les abre las puertas del llanto, sin haber antes podido derramar las lágrimas.
Es el comienzo de un viaje profundo, en el que las capas internas de la mente y sus escondrijos, se nos revelan como un laberinto a recorrer. El camino espiritual ,es como este desafío , que nos enfrentará permanentemente a todo tipo de sufrimientos para poder aprender de ellos.
A la hora de practicar la compasión, no existen fórmulas. A veces , la compasión por nosotros mismos y los demás exige que establezcamos límites y fronteras, que aprendamos a decir que no pero sin alejar a la otra persona de nuestro corazón. A veces la compasión puede ser tan dura como amable. Si observamos nuestro rol como padres, veremos que aveces nos enfrentamos a enseñar con amor, y a veces, a enseñar con dureza compasiva, para que nuestros hijos comprendan el sentido y las consecuencias de sus actos. Hay días ,en que el aprendizaje es bondadoso , pacífico y libre, y hay otros en que debemos saber poner sabiamente los límites, para enseñarles el verdadero sentido de la libertad responsable.
De la misma manera un maestro espiritual, nos guiará y sostendrá de la mano firmemente para que aprendamos a sobrevolar nuestro yo testarudo y omnipotente. Pero en cuanto hayamos aprendido a entender sus engaños, sus potencialidades y deseos, nos dejará en libertad, para que caminemos conscientemente por la vida y entablemos una nueva relación con lo Real. Muy cerca estará su mirada, para cuidarnos desde lejos. Muy cerca estarán sus plegarias , como ritual de protección , frente a un mundo ,que nos hace perder la consciencia despierta a cada paso, para correr detrás de un nuevo deseo. Pero seremos plenamente libres para elegir en cada instante, el camino a seguir.
Como todo arte espiritual, a la hora de practicar la compasión no existen fórmulas , pero exige que estemos atentos, …que comprendamos nuestros motivos para ayudar, para dar , para sanar . La compasión exhibe la flexibilidad del bambú, que se inclina según las circunstancias, marcando límites cuando ello sea necesario, y al mismo tiempo siendo flexibles.
El corazón compasivo de un guerrero espiritual es vulnerable, flexible y consciente a todas las grandes paradojas de la vida, que nos harán gozar, sentir y doler , hasta el centro mismo del ser.
Sin esta sensibilidad, no habrá amor en nuestro corazón.

Copyright © 2011 CHM (Camino a la Grandeza), Adriana Paoletta

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