Vivir sin prisa (Maytte)

Mientras esperaba para salir en vivo, en una entrevista para un canal de televisión, escuchaba a uno de los otros invitados hablar sobre lo acelerada que era su vida, la cantidad de actividades y compromisos que tenía y lo difícil que había sido para él llegar al canal a esa hora de la mañana. Lucía verdaderamente estresado. Lo más sorprendente es que la otra persona que estaba en la sala de espera se sumó inmediatamente a su sentimiento, expresando lo difícil y agitada que también era su vida.

Ambos me hicieron reflexionar sobre el conjunto de compromisos y responsabilidades que vivimos cada día, y sobre cómo nos obligan a vivir con demasiada prisa tratando de cumplir con una enorme lista de asuntos pendientes, perdiendo así la conexión con ese espacio interior donde realmente podemos descansar y recargar nuestras baterías esenciales para afrontar la vida con una mejor actitud.

Se ha vuelto importante hablar en estos días sobre la gran necesidad que tenemos de aprender a vivir a otro ritmo. Hemos olvidado que puede hacerse de otra manera, mucho más serena y consciente, siempre atentos a observar todo lo que sucede a nuestro alrededor, con un ritmo más natural que permita reconocernos, valorarnos y disfrutar un poco más de todos los regalos esenciales y de los buenos momentos que se nos presentan cada día.

Tenemos el viejo hábito de darle una gran importancia a las situaciones difíciles, trágicas o inesperadas, sin darnos cuenta de que al hacerlo le damos a nuestra vida una intensidad dramática que nos conecta inmediatamente con las emociones y los pensamientos más negativos. Además de que nos carga emocionalmente hasta el punto de que corremos el riesgo de enfermarnos.

Tal vez en este momento no sepamos cómo transformar nuestro estilo de vida, porque siempre hemos pensado que necesitamos vivir rodeados de mucha gente, actividad y del bullicio propio de las grandes ciudades, sin caer en cuenta que con ello estamos amenazados por la inseguridad, el tráfico y la indiferencia de la gente… pero podemos hacerlo.

Cuántas veces hemos pensado en la posibilidad de ajustar nuestro nivel de necesidades y expectativas con la intención de ahorrar no sólo dinero, sino energía y tiempo de calidad para dedicarlo a nosotros mismos y a compartir con nuestros seres queridos…

Vale la pena que nos tomemos el tiempo para reflexionar acerca del ritmo que llevan nuestros días, para definir si estamos invirtiendo nuestra energía y tiempo en hacer aquellas cosas que en realidad nos reportan satisfacción, tranquilidad o una mejor calidad de vida.

En lugar de preocuparnos, vamos a comenzar a ocuparnos de tomar las decisiones y las acciones necesarias para reducir nuestros compromisos y asuntos pendientes, especialmente si no van a contribuir con nuestra felicidad o la de otras personas.

Copyright © 2011 Maytte Sepulveda, Estampas & CHM (Camino a la Grandeza) Todos los Derechos reservados.

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Una respuesta

  1. esta muy padre todo lo k dices gracias

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