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Maytte: Entre padres e hijos

Es sorprendente lo complicada y hasta conflictiva que puede volverse la relación entre padres e hijos adultos, a pesar de que el amor haya sido el principal ingrediente para construir ese vínculo.

Conozco a varias personas que han optado por mantener la distancia con sus padres para evitar las discusiones que se vuelven constantes, tristes y desagradables para ambas partes, en las que, muchas veces, los padres critican, juzgan y hacen comentarios negativos con la intención de enseñarles a sus hijos una mejor forma de afrontar la vida, mientras que estos últimos se sienten criticados, presionados y cansados de una dinámica que no pueden cambiar por más que insistan en justificarse o en negar el juicio al que se sienten sometidos.

La distancia no es el mejor remedio para sanar desacuerdos, protegernos o limpiar los sentimientos negativos que guardamos; por el contrario, es la forma más segura de preservarlos en el tiempo. Además, todo lo que se acumula nos enferma y termina por trastornar nuestro carácter y la manera de actuar y de relacionarnos con los demás, en especial con las personas más queridas.

Necesitamos aprender a perdonar para liberarnos de todos los sentimientos y pensamientos negativos que guardamos, de manera que podamos bajar nuestro nivel de reactividad y recuperar la serenidad que nos lleve a comprender y a tolerar a aquellas personas con las que tenemos desacuerdos. En lugar de resaltar los elementos negativos de la relación que mantenemos con ellos, podríamos pensar en que, tal vez, el amor sobreprotector que sienten hacia nosotros ha sido el gran motivador de sus comentarios, actitudes y comportamiento, porque todavía nos siguen viendo como si fuésemos pequeños e incapaces de afrontar y resolver las situaciones de forma responsable y eficiente. En lugar de resentirnos, decidamos resaltar todo lo bueno que nos han dado, para así conectar con la gratitud, el amor y la madurez que nos permita compartir con ellos y rescatar la relación, a tiempo de suavizar sus vidas y mantener una relación más amable y cercana.

Las personas sólo pueden afectarnos si les damos el poder y la autoridad para hacerlo. Dejemos de esperar a que actúen como nosotros queremos; que lo hagan y comencemos a aceptarlos como son. Dejemos de esperar que nos reconozcan, que nos ayuden, que nos feliciten… porque no podemos cambiarlos, pero sí podemos transformar la forma en la que nosotros reaccionamos a su presencia en nuestra vida.

Si ya somos adultos, aprendamos a ser proactivos, dejemos lo pasado atrás y conectemos con la gratitud a tiempo de reconciliarnos con ellos y con nuestras raíces, pues sólo así podremos tomar lo mejor de todo lo que hemos aprendido y vivido, para compartirlo como un legado con nuestros amigos, pareja e hijos.
Copyright © 2011 Estampas, Maytte & CHM (Camino a la Grandeza) Todos los Derechos reservados.

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