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Árnica privilegio de la naturaleza

Es un buen remedio para el dolor y las infecciones; conozca sus propiedades, beneficios y precauciones en su consumo.

El género Árnica está constituido por aproximadamente 30 especies distintas. La más conocida por sus virtudes curativas, a lo largo de los siglos, es la Árnica Montana, planta medicinal y tóxica a la vez, por lo que no debe ingerirse sin prescripción médica.

Una de sus virtudes medicinales más conocida es su acción analgésica; esta función se debe a su composición, principalmente al ácido gálico. También posee propiedades antiinflamatorias, debido a la presencia de aceites esenciales que favorecen la circulación sanguínea. Además, la planta tiene propiedades antisépticas y cicatrizantes.

El nombre del género se deriva del griego arna, “cordero”, en referencia a las hojas suaves y peludas.

Las flores tienen un olor agradable que, bajo la influencia de la desecación puede recordar al del tabaco, con sabor acre y amargo. La inhalación de polvo de árnica provoca intenso picor y estornudo de manera casi inmediata.

Un poco de historia

Hay que remontarse a la Baja Edad Media para encontrar una primera referencia a esta especie en la obra de santa Hildegarda de Bingen, la abadesa benedictina, gran conocedora de las hierbas y que presentó el árnica como una planta nociva, ya que su solo contacto volvía a los hombres y mujeres víctimas de la líbido, lo cual les privaba de la razón y les hacía caer en locuras, tal como lo explica en el libro I de su Physica.

Esta opinión de la santa fue recogida a mediados del siglo XIX por Samuel Hahnemann, el padre de la homeopatía, quien entre los 638 síntomas que provoca el árnica incluye la posibilidad de dar vitalidad a los ancianos sexualmente agotados.

Otro autor que habla de la planta es Mattheus Sylvaticus, en 1498, para quien la árnica, que denomina doronica, es un remedio excelente para los dolores y las ventosidades causadas por la flema, especialmente las de la matriz, combate las mordeduras de bestias venenosas y fortifica el corazón.

Pero no será sino hasta el siglo XVI que se empieza a encontrar la indicación más actual del árnica. Fue en 1666 cuando el botánico danés Simon Paulli, en su libro Quadripartitum botanicum la menciona por su capacidad de reducir los hematomas, aplicadas sus hojas apiladas encima de la herida, denominándola Panacea lapsorum (“La panacea de las caídas”).

Durante los siglos XVII y XVIII, su uso como medicina se extendió de modo que la tintura de árnica no faltaba en ningún botiquín para el tratamiento de traumatismos o caídas. Fueron, sin embargo, los militares quienes popularizaron su empleo; tanto en el ejército francés como en el alemán, era elementos indispensable del botiquín.

Remedios populares
La propiedad curativa del árnica, por excelencia, es la de incrementar la circulación sanguínea local. Por ello es muy utilizada en caso de contusiones, hematomas, esguinces y dolores musculares. Además, calma el dolor y mejora la debilidad muscular y nerviosa. A continuación algunas aplicaciones utilizadas por la medicina popular.

• Pies adoloridos y cansados: Agregar algunas gotas del tinte de árnica en un balde que contenga agua caliente y luego introducir los pies en dicha preparación.

• Golpes y reumatismo: Aplicar paños del cocimiento de 2.5 gramos de raíz y hojas de árnica para medio litro de agua. Otra alternativa es friccionar la parte afectada con paños que contengan la tintura.

• Neuralgias: diluir una cucharada de tintura de árnica en cinco cucharadas de agua y frotar las zonas doloridas con la solución. Repetir esta operación varias veces al día.

• Várices: friccionar con suavidad las piernas con tintura de árnica diluida en medio litro de agua.

• Hemorroides: diluir una cucharada de árnica en cinco cucharadas de agua y con ayuda de una bolita de algodón empapada con esta preparación, aplicar sobre el área de las hemorroides. Si se tiene la posibilidad de realizar un baño de asiento, mucho mejor. En este caso, diluir dos cucharadas de la tintura en dos litros de agua tibia y agregar al baño de asiento.

• Amigdalitis: agregar de cinco a diez gotas de árnica en un vaso de agua tibia y proceder a realizar gargarismos profundos y prolongados.

• Precauciones: se recomienda el no consumo interno del árnica, ya que en grandes cantidades ha dado lugar a envenenamiento con síntomas tóxicos, tales como vómito, diarrea y hemorragia e incluso la muerte.

Efectos adversos

La aplicación del árnica provoca reacciones nocivas en algunas personas, en forma de irritaciones, alergias y enrojecimiento por contacto de la piel, que se atribuyen principalmente a algunos principios amargos, como la helenalina y la dihidrohelenalina.

Las personas que tienen una piel especialmente sensible responden de forma negativa al árnica. En estos casos los especialistas recomiendan diluir la tintura y aplicarla con la siguiente fórmula: tintura de árnica 20 gramos, glicerina 50 gramos y agua 60 gramos. El efecto suavizante de la glicerina parece garantizar la menor presencia de efectos secundarios, aunque el árnica está contraindicada en embarazo y lactancia.

Por vía interna y en dosis excesiva, provoca náuseas y vómitos. Tiene también un efecto purgante y se han dado casos de llegar a producir la muerte por coma y parálisis respiratoria. Una dosis de 30 cc de tintura o ingerir un buen puñado de flores puede resultar mortal.

El árnica por vía interna se utiliza poco y dosis moderadamente elevadas pueden dar lugar a problemas digestivos importantes. Sin embargo, se utilizan las soluciones homeopáticas o biológicas del árnica en el tratamiento de trastornos del corazón, al cual fortifica; pero siempre bajo prescripción facultativa.

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