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Ya Basta

“Tenemos la tendencia a pensar que nuestra salud, bienestar y estabilidad dependen de otros que no somos nosotros y es por esta razón, que decidimos sin darnos cuenta, permanecer sumidos y atados a aquellas situaciones o experiencias que tanto deseamos superar o solucionar. ¿Qué es realmente lo que nos hace falta, para terminar con algo que nos causa tanto daño? Tomar la decisión valiente de hacerlo. Yo se que estarás diciéndome mentalmente: Pero yo he tomado la decisión de hacerlo varias veces y no he podido lograrlo, estoy seguro de que me falta algo…”

Hace unos días escuche una frase que me recordó la importancia de tomar decisiones valientes, cuando se trata de ponerle punto final a todas esas situaciones, hábitos, actitudes y apegos que nos hacen sufrir, nos enferman y empobrecen nuestra calidad de vida afectiva, “Son ganadores, aquellos que valientemente dicen: !!YA BASTA!!.

Estas dos palabras mágicas y poderosas que salen con toda la fuerza desde nuestro interior, tienen el poder de cambiar nuestras vidas, de inmediato. Ese !!YA BASTA!!, significa: !YA NO MÁS!, !HASTA AQUÍ LLEGAMOS!…  Son esa fuerza determinante  que nos impone el límite entre continuar sumidos en una situación insoportable o salir de ella de inmediato.

En muchas de las historias que me cuentan mis lectores, encuentro un elemento común: la dificultad que algunos de ellos, han tenido para decir: !Hasta Aquí!!, !Ya no más!!, !me suelto!!, !Basta!!.
Pareciera que cuando estamos afectados emocionalmente nos aferramos al dolor, a la pérdida, inclusive a la fantasía de acostarnos a dormir y levantarnos para encontrar que la situación se ha resuelto sin que tuviéramos que hacer algo más, para lograrlo.

Tenemos la tendencia a pensar que nuestra salud, bienestar y estabilidad dependen de otros que no somos nosotros y es por esta razón, que decidimos sin darnos cuenta, permanecer sumidos y atados a aquellas situaciones o experiencias que tanto deseamos superar o solucionar.

¿Qué es realmente lo que nos hace falta para terminar con algo que nos causa tanto daño?

Tomar la decisión valiente de hacerlo. Yo sé que estarás diciéndome mentalmente: Pero yo he tomado la decisión de hacerlo varias veces y no he podido lograrlo, estoy seguro de que me falta algo… Lo que sucede, es que muchas veces tomamos una decisión sin estar completamente preparados para asumirla y convertirla en acción. Es decir: que lo hacemos con la cabeza y no con el corazón. Por ejemplo: cuando hablamos de superar un dolor afectivo, encontramos que muchas veces tomamos la dedición con la cabeza, pensando que es lo más conveniente para nosotros… pero emocionalmente, todavía conservamos la esperanza pequeña de que en el último momento algo suceda para que no tengamos que hacerlo.

Otras veces es nuestra debilidad y la dependencia que sentimos hacia esa persona, o hacia el lugar, el trabajo o el hábito negativo lo que realmente nos impide soltarnos. No hay atajos, el trabajo tenemos que hacerlo, el costo hay que pagarlo, pero lo mas maravilloso es que siempre el Universo conspirara para darnos esa oportunidad. Se necesita valor para renunciar a todas aquellas cosas que te dañan o te afectan, impidiéndote vivir a plenitud.

Una pregunta que debemos hacernos en esos momentos es: Hasta dónde y hasta cuándo? !Tu, puedes salir de cualquier situación por más difícil que ésta sea!! ya no sigas ahí, desgastándote y consumiendo tus ganas de vivir y de sonar… La vida esta esperando por ti, para darte todos los regalos esenciales que mereces. !Vamos, date otra oportunidad! Para tener una vida feliz… – Quiérete a ti mismo lo suficiente como para tener el valor de tomar una decisión. – Una vez tomada la dedición, no le permitas al miedo paralizar tu acción.

Recuerda que muchas veces el miedo se convierte en el principal obstáculo a vencer, porque generalmente te da razones para permanecer caído. – Busca ayuda si no te sientes capaz de hacerlo solo. Es natural que te haga falta sentir el apoyo de un ser querido o de un amigo. – Evita pensar en que no podrás superarlo. Repítete a ti mismo muchas veces al día: Si puedo, soy un ganador, se que es difícil… pero no imposible. !Yo puedo lograrlo!!

– No busques las tentaciones. No te expongas a aquellas situaciones que te son difíciles, creyendo que puedes hacerlo solo y sin salir herido de ellas. Mantén la distancia mientras te fortaleces internamente, para poder enfrentarlas cuando te sientas preparado para resolverlas y superarlas. – No te desesperes buscando una solución instantánea. El proceso hay que realizarlo paso a paso, esto significa que tendrás que vivir el duelo y vencer la resistencia interna hasta que te sientas listo para soltar. – Busca el momento apropiado para hacerlo. Es posible que la razón de tu fracaso al haberlo intentado antes, haya sido que lo hiciste en un momento equivocado. Tomate tu tiempo… – Una vez que arranques… no te detengas. Convertir tu decisión en una acción concreta, te ayudara a mover una pieza del juego que compartes con la vida, el próximo movimiento lo hará la vida… que como siempre está dispuesta a hacer cuanto sea necesario para apoyarte a superar los momentos difíciles para que tengas una vida feliz.

Aprendiendo a tomar la actitud de vivir feliz (Primera parte)

 “Curiosamente, la puerta de la felicidad no se abre hacia dentro, quien se empeña en empujar en ese sentido sólo consigue cerrarla con más fuerza. Se abre hacia fuera, hacia los otros”.

 J. Kierkegaard

Actualmente hay diversos estudios sobre la felicidad que tratan de explicar que es lo que nos hace realmente felices. La antigua creencia de que el dinero es la principal fuente de felicidad está quedando obsoleta a la luz de nuevas investigaciones que prueban lo contrario. Y es que aunque el progreso económico es uno de los factores que mejora nuestro bienestar, nos seguimos engañando pensando que tener más dinero nos hará más felices de lo que en realidad nos hace.

Para entender bien estos conceptos, es importante en primer lugar definir que es felicidad. Una de las definiciones más actuales gira en relación a la  satisfacción que nos procura el consumo de bienes y servicios, ya sean las necesidades y comodidades de la vida o el tiempo que pasamos con la familia y amigos, haciendo deporte, descansando, etc. A partir de este concepto, la felicidad se puede definir como la maximización de los comportamientos propios capaces de aumentar esas variables, es decir, la capacidad de satisfacer nuestras necesidades.

Bajo este esquema, se desprende que el recurso escaso es el tiempo. ¿Qué relación guarda el tiempo con el dinero y la felicidad?

En su artículo “Happiness and Time Allocation” (“Felicidad y reparto del tiempo”), el profesor del IESE Manel Baucells y Rakesh K. Sarin, de la UCLA Anderson School of Management de la Universidad de California, plantean que las personas más felices son aquellas que alcanzan un equilibrio adecuado entre trabajo y descanso. Si el trabajo proporciona dinero para consumir, y el consumo proporciona felicidad, lo mismo sucede con el descanso. La amistad, la familia, dormir bien y hacer ejercicio aumentan la satisfacción personal. Aun así, muchos suelen renunciar a las actividades de descanso para trabajar y ganar más dinero en la falsa creencia de que en la medida que tengan más ingresos más felices serán.

Si bien es cierto, los autores señalan que los ricos son generalmente más felices que los pobres,  demuestran también que la evolución de los índices de felicidad ha permanecido constante a lo largo de los años a pesar del espectacular aumento del PBI y de la renta real en los países desarrollados. En Japón, por ejemplo, aunque el PBI per cápita se ha quintuplicado, no se ha registrado un aumento del índice medio de satisfacción personal. Una de las razones es justamente que lo que ha aumentado también es la cantidad de trabajo para llegar a ese nivel de desarrollo, que sin embargo se ha hecho a costa de perder horas con la familia, los amigos, o el descanso personal. Es decir, tienen más dinero, pero son más infelices porque no tienen tiempo para gastarlo ni en ellos ni en sus seres queridos, que quizá hayan sido momentos inolvidables que ninguna suma de dinero hubiese sido suficiente para satisfacerlos.  Ya lo decía Picasso: “Quisiera tener más dinero para vivir tranquilo como los pobres”.

Una de las variables que más influyen en la felicidad es la comparación social.  Y es que solemos compararnos con personas de un estatus y nivel de vida parecidos al nuestro. Por ejemplo, es poco probable que un gerente se compare con un futbolista famoso, lo más probable es que se compare con un empresario u otro gerente como él. Y dicha comparación normalmente genera infelicidad, porque uno se compara con alguien mejor. Los autores recomiendan no compararse en sueldos, sino en virtudes y valores. Primero porque nadie conoce la vida de nadie a fondo, y detrás de ese gran salario, se pueden esconder mil dificultades. Normalmente la gente está más interesada en hacer creer a los demás que son felices que realmente tratar de serlo. En la medida en la que uno se enfoque comparándose en virtudes, la comparación será mucho más productiva, ya que el enfocarse en conseguirlas, hará que el éxito caiga por su propio peso.

Los autores concluyen también que la meditación y la oración son algunos “ejercicios de reencuadre” que pueden ayudarnos a ver las cosas en su justa medida y atenuar la insatisfacción que produce la insidiosa comparación social.

Otra de las conclusiones más interesantes del artículo se basa en lo que llaman el “sesgo de proyección”.  Nosotros tendemos a pensar que el dinero nos dará más felicidad de la que realmente nos da. Baucells comenta: “Por eso creemos que tener más dinero nos hará más felices. Trabajamos más y ganamos más dinero, nos mudamos a una casa más grande en un barrio mejor, pero el sesgo de proyección hace que subestimemos los efectos de la adaptación y demos más valor del que tiene a la utilidad derivada de los artículos de consumo. Disfrutamos de un nivel de vida mayor que antes, pero no cuando nos comparamos y empezamos a identificarnos con nuestros nuevos vecinos. Un efecto pernicioso del sesgo de proyección es que empezamos a dedicar más y más tiempo al trabajo a costa del descanso, creyendo en vano que si trabajamos más seremos más felices, cuando en realidad el aumento de nuestro salario simplemente conlleva una menor utilidad total y, perversamente, una menor felicidad.”

Claramente la utilidad real obtenida bajo los efectos del sesgo de proyección es menor de la esperada. Lamentablemente el día tiene sólo 24 horas y la idea es como optimizar ese tiempo para trabajar fuerte pero también para poder disfrutarlo entre nosotros y con nuestras familias.