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Un monje en Caracas

Pensar distinto al otro es normal si tenemos libertad de expresión. El problema surge cuando se llevan las diferencias a los extremos.

En medio del caos citadino, el maestro Lobsang Tonden habla a los venezolanos de compasión, generosidad y entusiasmo, conceptos que forman parte de las profundas enseñanzas del budismo tibetano, la filosofía de vida que practica

La escena se desarrolla en el caos de la avenida Urdaneta. Tráfico estancado, smog por doquier y apresurados transeúntes que sortean las mototaxis componen el panorama. Desde allí, montado en la isla, en este caso suerte de pedestal urbano, el venerable Lobsang Tonden -monje budista tibetano de la orden Rimpoché- tiene la intención de regalar paz mental en medio del ajetreo. Conductores y peatones lo ven con extrañeza. Algunos ríen pensando que su presencia allí se trata de alguna broma de programa televisivo de cámara escondida, otros se espantan. No es normal verlo allí. En ese contexto, él comenta: “un maestro tibetano, llamado Patrul Rinpoche, decía que ‘si nuestros intereses siguen estando acordes con lo ‘normal’, hay un problema para avanzar’. Porque lo ‘normal’ es tener aflicciones, enojarse, ser agresivo y tener apego a todo. Permitirnos vivir en un estado que perturbe nuestra paz mental no es, precisamente, normal. Para el budismo tibetano, lo normal es tener compasión, tolerancia, respeto, sabiduría, ética, generosidad y entusiasmo. Nuestra mente se siente bien cuando actuamos de esa manera. Esto no significa que nos alejemos de la realidad sino de las tendencias ‘normales'”. Lobsang Nació en México hace 31 años y tiene 12 recorriendo este camino espiritual. En una reciente visita al país, resumió a los venezolanos lo esencial de su filosofía de vida.

Las enseñanzas
Medita
“No consiste en poner la mente en blanco ni en inventar fantasías mentales. Tampoco se reduce a una mera relajación. La meditación es una técnica que nos ayuda a familiarizarnos con hábitos mentales positivos, para ser más lúcidos y tener un corazón más bondadoso. Si alguien quiere comenzar a meditar, debe tener siempre una instrucción sobre cómo hacerlo, de lo contrario puede caer en el error de revolcarse en sus propias neurosis. Hay muchas técnicas, pero una válida para comenzar a hacerlo consiste en colocar la espalda erguida, con la clásica postura de meditación, y concentrarnos cinco minutos diarios en nuestra respiración. Eso nos ayudará a tener concentración y calma mental”.

Acepta las diferencias
“Pensar distinto al otro es normal si tenemos libertad de expresión. El problema surge cuando se llevan las diferencias a los extremos y ninguna de las partes cede. Es lógico que eso genere problemas. No sólo en la arena política sino en la religiosa o, incluso, en la artística. Hay que tomar conciencia de que todos los seres humanos queremos ser felices y evitar el sufrimiento, eso nos iguala aun con aquel con el que se tienen diferencias de opinión, con el que nos ha hecho daño o con quien nos ha hecho un beneficio. Ayuda al otro lo más que puedas, o al menos, no lo dañes”.

Sé generoso
“La religión o la política no son naturalmente negativas. La política tiene como finalidad servir al pueblo, de manera que, si la manejamos con fines egoístas, estamos haciendo política sucia. La religión busca que el ser humano sea una mejor persona, pero si la usamos para manipular, también le estamos dando un uso indebido”.

Sé espiritual
“Debemos buscar que lo que estemos haciendo en nuestra vida espiritual tenga una base, un camino y un resultado. La base debe respondernos el qué, el por qué, el para qué y el cómo lo estamos haciendo. El resultado es la misión que queremos cumplir a través de esa vida espiritual. Si nos proponemos ser buenas personas, quizá, en el camino, nos demos cuenta de que nuestro altruismo no es infinito. En ese caso, lo importante es reconocerlo, aceptarlo”.

Practica las cuatro confianzas
“No confíes en el maestro sino en su enseñanza, no confíes en la enseñanza sino en su significado, no confíes en el significado parcial, sino en el significado definitivo. No confíes en el significado definitivo sino en la experiencia”.

Sé feliz
“La felicidad supone un proceso a largo plazo que viene con la calma mental que supone liberarse, poco a poco, de las aflicciones, y no en aquella que consiste en obtener los objetos de apego. Esa es transitoria”.

Copyright © 2011 Estampas & CHM (Camino a la Grandeza) Todos los Derechos reservados

Fotos: Vicente Correale

El tamaño de las personas…

El tamaño de las personas varía según sea su grado de desenvolvimiento.

Una persona es enorme cuando escucha con atención , cuando te trata con cariño y respeto, cuando mira con mirada limpia y alegre.

Una persona es pequeña cuando sólo habla de sí misma, cuando se comporta de manera poco gentil, cuando fracasa justamente en el momento que tenía que demostrar lo que es más impoetante entre dos personas: la amistad, el respeto, el cariño, el cuidado por ti, hasta el mismo amor.

Una persona es gigante para ti cuando se interesa por tu vida, cuando busca alternativas para tu crecimiento, cuando sueña junto contigo.

La persona es pequeña cuando desvía asuntos importantes para cosas sin sentido. es grande cuando perdona, cuando comprende, cuando se coloca en el lugar de otros , cuando otros no están contentos con lo que de ella esperan, pero ella está contenta consigo mismo.

Es pequeña cuando se deja regir por comportamientos clichés. Una misma persona puede aparenta grandeza o mezquindad dentro de una relación, puede crecer o descrecer en el lapso de una pocas semanas. Una decepción puede disminuir el tamaño de un amor que parecia ser grande.
Una ausencia puede aumentar el tamaño de un amor que parecia ser ínfimo.
Es difícil convivir con esta elasticidad: las personas se agigantan e se encojen ante nuestros ojos.

Nosotros juzgamos a través de centímetros y metros, mas las acciones y reaciones, de expectativas y frustraciones, esas dan la medida aparente en el momento.Una persona es única al extender la mano, o al esconderla en ciertos circunstancias, si inesperadamente, se torna más humana.

El egoísmo unifica lo insignificante. No es la altura, ni el peso, ni los músculos que tornan una persona grande, es su sensibilidad hacia los otros, sin tamaño… Shakespeare.