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Salud: Si su niño no come bien

Sea positivo
Trate de hacer de las comidas una experiencia positiva y con menos estrés, tratando de ocultar su frustración y felicitándolo cuando lo hace bien.

“Disfrace” la comida
Mezcle las verduras con salsa de tomate, por ejemplo, sírvalas con pasta y las comerá sin siquiera darse cuenta.

Cocine con él
Participar en la preparación de los alimentos no solo es un aprendizaje, sino que puede estimular su apetito.

Haga la comida atractiva
Las pequeñas porciones son más atractivas. Mini hamburguesas, papitas pequeñas, zanahorias bebé, etcétera llaman su atención y se las comerá con más gusto.

Coma con él
Es probable que al comer en familia cambie su actitud y ver a los demás comiendo le anime a hacerlo también. Además, se quita la atención hacia el hecho de si está comiendo -o no- y ello alivia la tensión.

Recompénselo
Una sencilla calcomanía cuando se come todo funciona muy bien en niños a partir de los dos años.

Fuente: http://www.pequerecetas.com 

Natalia Mendoza. Editora-Recopiladora
Periodista de nacimiento, Nutricionista de convicción y Socióloga de profesión, Nati es la fuerza creativa e innovadora de Camino a la grandeza. Recopiladora de la sección Salud y Belleza de CHM. 

Acaricie su Estomago

La mayoría de las personas se queja del aumento de molestias digestivas después de las fiestas, sin saber que hay alimentos y rutinas cotidianas que ayudan a su recuperación.

Estudios científicos avalados por la Facultad de Medicina de la Universidad de California, Estados Unidos, aseguran que 75% de la población laboralmente activa en los países occidentales sufre molestias digestivas con frecuencia; y cuando se suceden fechas en las que las comidas copiosas son una constante, ese padecimiento intestinal aumenta.

Y es que, por más que los individuos se digan que no van a caer en excesos, la historia se repite año tras año. Por supuesto que la digestión va a depender de cómo usted se alimente durante los días de fiesta, pero existen unos sencillos consejos, acreditados por nutricionistas, que pueden ayudar a mejorarla.

Sensación de hinchazón, estreñimiento, flatulencias, incluso dolor de cabeza y dificultad para conciliar el sueño. ¿Le suenan estos síntomas? Seguro que sí. Los especialistas repiten que para evitarlos basta con llevar una dieta sana y equilibrada que sea rica en vegetales, fibra y alimentos con probióticos; y pobre en grasas saturadas, azúcar, pastelería y congelados. Seguramente el resto del año su alimentación cumple esas normas, pero ¿quién puede durante estas semanas escapar a la vorágine de las numerosas comilonas?

Esto no significa que tenga que amargarse con la comida, sino saber qué elegir, cuándo y cómo tomarlo.

Alimentos protectores

1. Agua. Si lo primero que hace por la mañana es beber un par de vasos de este líquido, estará favoreciendo el vaciado intestinal. También, tómela durante el día (de cuatro a seis vasos) para ayudar a la eliminación de tóxicos.

2. Piña y lechosa. Ambas contienen enzimas muy beneficiosas. La piña es rica en bromelina, que actúa como sustitutivo de los jugos gástricos, mejorando la digestión y destruyendo la cubierta de quitina que protege a los parásitos intestinales, que son expulsados del organismo. Por su parte, la lechosa aporta papaína que deshace las proteínas y puede suplir, parcialmente, la falta de jugos digestivos. Estas frutas se pueden tomar en jugo durante el desayuno y como postre, pero también ayudan a digerir una comida copiosa si se incluyen en ensaladas.

3. Manzana y germinados. Tomar vegetales crudos en muy saludable y las ensaladas son las preparaciones idóneas para ello, pero a veces cuesta digerirlas y provocan gases. Para evitarlo añada una manzana en trozos y un puñado de germinados.

4. Yogur y requesón. Sus organismos vivos contribuyen a normalizar algunas funciones del aparato digestivo. Una de sus notables propiedades es la de neutralizar la acidez gástrica.

5. Cereales integrales. En opinión de la nutricionista francesa Brigitte Coudray, “una porción de un alimento integral tiene más vitamina B, más hierro y más fibra que la misma porción de uno refinado”. Una de las ventajas de la fibra reside en que favorece la saciedad y hace que tengamos menos hambre rápidamente. Otra de sus grandes virtudes es el efecto positivo sobre el tránsito intestinal. La fibra constituye una verdadera ayuda contra el estreñimiento. Por eso, si es fanática del pan blanco, intente sustituirlo durante unos días por su versión integral. Comprobará como mejora su tránsito intestinal, sintiéndose más ligera.

6. Cúrcuma. Constituye un gran aliado del estómago ya que combate la acidez. Además de preparar salsas para aderezas arroces, pescados o pollos, puede usarse como sustituto de la pimienta.

7. Comino e hinojo. El mejor cóctel para combatir los molestos gases y la hinchazón abdominal. Facilita la evacuación y es un auténtico tónico estomacal que combina muy bien tanto con vegetales como con carnes.

8. Canela. Es la especie digestiva por excelencia. Sus aceites esenciales estimulan los jugos gástricos y la salivación, ahorrándole así trabajo al estómago. También combate las flatulencias y muchos estudios han demostrado su eficacia para combatir el colesterol.

9. Boldo. Las infusiones de esta planta son estupendas para el buen funcionamiento del hígado y el páncreas, debido a que estimula la producción de bilis desde la vesícula, favoreciendo la digestión; también tiene un efecto diurético.

Hábitos que ayudan

Lo que se come es esencial, pero también lo es la actitud ante la mesa. Y es que si no mastica adecuadamente, ingiere los alimentos bajo un estado de tensión, lleva una vida muy sedentaria o respira de forma incorrecta, su aparato digestivo también se resentirá, aunque evite las comidas abundantes o con demasiadas grasas. Por eso tenga en cuenta los consejos de los especialistas:

1. Hablar poco y masticar mucho. No renuncie a una buena compañía y a una mejor conversación a la hora de comer, pero recuerde que los alimentos requieren una correcta masticación. Fíjese y observe si, cuando habla, tiene tendencia a comer más rápido o a no masticar como debiera e intente corregirlo.

2. Ni muy caliente ni muy frío. Las temperaturas extremas irritan la mucosa digestiva. Saque las bebidas de la nevera al menos media hora antes de la comida. Deje reposar las comidas calientes, y las sopas e infusiones el tiempo suficiente para que se templen.

3. Las emociones afectan la asimilación. El proceso de digestión jamás será el adecuado si en el ambiente en el que transcurre la comida se respira tensión. Ese tipo de situaciones pueden hacer que coma rápido, sin masticar; por no hablar de los nervios que pueden concentrarse en el estómago, provocando dolor. Procure evadirse de los problemas durante el tiempo que le dedica a la comida y no deje que nada le afecte.

4. La respiración también cuenta. Cuando se respira bien el estómago recibe mayor cantidad de oxígeno, con lo que realiza mejor su función. La respiración ideal es la abdominal.

5. Caminar 10 minutos. Hacerlo tras el almuerzo ayuda a tener una mejor digestión y a combatir eficazmente el estreñimiento.

6. Evitar los refrescos o beberlos con moderación para que los gases que contienen no se acumulen en el estómago y se unan a los que ya han ocasionado la fermentación de determinados alimentos. Además, el alcohol y el exceso de azúcar tampoco facilitan la digestión.

Escrito por: Beatriz García Cardona. Copyright © 2011 .  Con licencia de publicación a cargo del Grupo CHM Para Camino a la Grandeza.com.ve. Todos los Derechos reservados.

Ser Vegetariano: ¿Mucha Carne o pocos Vegetales? Relato de Flavio Bastos Amiel

Al cabo de 1 año como vegetariano solo pude llegar a una interrogante: “¿necesitamos menos carne o más vegetales?”

Cuando decidí ser vegetariano asumí que era una etapa, temporal o no, en la cual debía aprender lo más posible de este tipo de vida para beneficiarme lo más posible. Y aprendí algunas cosas, que hoy decido compartir con vegetarianos y no vegetarianos. Sé que es un tema polémico y por eso quiero decir que yo no soy una autoridad o un experto en la materia, y sólo estoy poniendo en perspectiva mi opinión al respecto.

Como otros experimentos que he hecho, comenzó de golpe. Aunque ya tenía algún tiempo considerándolo, el impulso final me lo dió un documental bastante cruento sobre la realidad del maltrato animal. Pero las razones no fueron sólo éticas, también hubo una razón de bienestar: no tengo vesícula y a mi cuerpo le cuesta un poco más digerir las carnes. Quería usar el vegetarianismo para sentirme mejor.

gallo_omnivoroConsulté a un par de amigos vegetarianos qué debía saber, y sus consejos se resumieron básicamente a “desaprender” la clásica estructura de carne, carbohidratos y ensalada-o-vegetales para cada plato.

No me fue difícil hacer la transición. No extrañé en ningún momento “comerme un pedazo de carne”. De hecho, descubrí que el sabor de la carne no era algo que me gustara demasiado. Empecé a recordar cómo mis amigos babeaban cada vez que había una parrillada, y a mi simplemente me daba igual. Comía por razones culturales, no por gusto.

La industria vs la industria

Al principio no me preocupé por nada, pero seguí informándome y leyendo y solo pude llegar a una conclusión: hay una fuerte inversión por las dos industrias para proteger sus productos.

La industria de la carne, que es sin duda de las más grandes del mundo, ignora constantemente los beneficios de una dieta baja en carnes, no solo en el sentido individual, sino en el sentido ético global de nuestros días. Ignorar, por ejemplo,  que para hacer 1 kilo de carne se usan los recursos con los que se podría alimentar a una familia grande durante más de un mes, es algo por decir lo menos, inhumano.

No darle crédito a los cientos de estudios que hay sobre la relación directa que existe entre las enfermedades vasculares en la vida adulta, o los problemas hormonales que presentan los adolescentes debido al alto grado de medicamentos a los que se ven sometidos los animales que comemos; o la exageración con el tema de la leche y los problemas con el calcio: consumimos mucha más leche de la que necesitamos.

Por otro lado la industria que se beneficia del vegetarianismo, tampoco advierte de los problemas de salud a los que puede conllevar una dieta vegetariana. Las deficiencias como vegetarianos también pueden ser grandes, especialmente si hablamos del grupo de la Vitamina B. Pero muy pocos vegetarianos hablan sobre los potenciales problemas a largo plazo de una dieta 100% vegetariana. En mi caso tuve deficiencia de globulina (un grupo de proteínas insolubles), a pesar de estar consumiendo (después de varios meses de investigación) varios suplementos para evitar cualquier problema nutricional.

Otro ejemplo, muchas personas adjudican que los hombres que tienen dietas vegetarianas tienden a desarrollar “mamas” (casos muy raros debo acotar). Lo que puede pasar es que el alto consumo de estrógenos en la soya y la poca generación de testosterona (cero carne) conlleve a este tipo de casos raros. Pero cosas parecidas pasan también con los omnívoros, al consumir hormonas a través de la carne.

Más vegetales, menos carne

Durante mi experimento llegué a varias conclusiones, la más importante fue que es vital aumentar el consumo de vegetales, leguminosas, frutas y demás.  Además aprendí diferentes y fáciles recetas vegetarianas. Creo que ahora como más sano, a pesar de que en estos momentos consumo carne.

vegetalesDe hecho, está mal pensar que los vegetarianos son más sanos por el simple hecho de serlos: muchos vegetarianos “poco educados” en la cocina pueden comenzar a engordar por el simple hecho de resolver todo con carbohidratos. Cuando probablemente los carbohidratos en exceso sean mucho peores que la misma carne.

Otra de las reflexiones es que, los vegetarianos que abogan por convertir a todas las personas casi religiosamente a su estilo de vida -bastante improbable-, tendrían más éxito en la disminución del consumo de carne inspirando a cosas más factibles como los “lunes sin carne” -mucho más probable-.

Los omnívoros por otro lado, sin duda necesitan incrementar la ingesta de frutas y vegetales en su dieta. Las deficiencias en estos casos también son abismales. La recomendación es ampliar la base de elementos que usan para cocinar, usar más granos, más vegetales y cortar la dependencia de las carnes: no se necesitan en cada comida. Si sustituyes un bisteck por un plato de frijoles, tofu, tempeh, etc.  tendrás suficientes proteínas para reemplazar ese plato. De hecho, puedes convertir fácilmente la mitad o más de tu dieta a algo vegetariano sin ningún problema.

Por otro lado,  para los que quieren asumir el reto de una dieta vegetariana les recomiendo tener un control de sus niveles sanguíneos, especialmente aquellos elementos relativos a la carga proteíca y las deficiencias vitamínicas.

Con ambas dietas se pueden presentar problemas a la salud. Les animo a lograr una dieta lo más equilibrada posible. Y si están pensando hacer la transición a una dieta vegetariana consultar con un profesional, especialmente si se tienen algunas condiciones físicas particulares (diabetes, osteosporosis, tendencias depresivas, bajo apetito sexual, etc.)

Escrito por: Flavio Bastos Amiel. Copyright © 2011-2012 Flavio Bastos Amiel.  Con licencia de publicación a cargo del Grupo CHM Para Camino a la Grandeza.com.ve. Todos los Derechos reservados

Libro del Mes: Cuando la comida es más que comida

Cuando la comida es más que comida

Libro - Págs. 192 Formato: 13,5x21,3 Año de edición: 2011

Precedido de una excepcional acogida en todo el mundo, llega a nuestro país su esperado nuevo título de Geneen Roth, que promete convertirse en su libro más importante. Experta en trastornos alimentarios, la autora de Cuando la comida sustituye al amor y Basta de dietas ha sido la primera en relacionar la adicción a la comida con problemas personales y espirituales que van mucho más allá del peso y la imagen personal. Para el autor, comemos como vivimos: nuestra relación con la comida es el reflejo exacto de convicciones muy arraigadas sobre nosotros mismos. Todo lo que pensamos sobre el amor, el miedo y la transformación se expresa delante de un plato. Por eso, las dietas nunca solucionarán nuestros problemas. La clave, afirma la autora, radica en prestar atención a nuestro cuerpo. En hacer espacio a los sentimientos de soledad, de inadecuación, de vacío que nos empujan a comer. Tan inteligente como compasivo, este libro transformador proporciona los recursos necesarios para cambiar la relación con la comida y, lo que es más importante, con una misma.

“Para descubrir tus convicciones más profundas, presta atención a tu modo de actuar, a lo que haces cuando las cosas no van como a ti te gustaría. Presta atención a lo que valoras. Presta atención a cómo y en qué inviertes tu tiempo. Tu dinero. Y presta atención a lo que comes.”

Hacemos dieta para perder peso, porque creemos que cuando estemos delgadas seremos dignas de amor. Hacemos dieta para “repararnos”, para “arreglarnos”, para convertirnos, en fin, en otra persona. Sin embargo, dice Geneen Roth, el 83% de las personas que hacen dieta acaban recuperando más peso del que perdieron. El fracaso forma parte inextricable de la apuesta. No se puede jugar y ganar siempre.

Pero seguimos haciendo dieta. Nos atascamos en ese círculo vicioso para huir de la soledad. Para castigarnos. Para no sentir lo que sentimos: “el amor duele; no se puede confiar en nadie; la tristeza me arrollará, me engullirá; el dolor nunca cesará”. Pero si nos paramos a mirar, si contemplamos nuestra forma de comer como un recurso muy válido para soportar lo que en su día nos resultó insoportable, si escuchamos lo que dice nuestro cuerpo y nos atrevemos a flotar apenas un instante en el vacío… entonces algo se posa en ese hueco y lo transforma en plenitud. En abundancia. En satisfacción.

Impregnado de humor, sensibilidad e inteligencia, este libro sin duda te transformará, como les ha sucedido a millones de mujeres.

Desde la adolescencia, Geneen Roth estuvo luchando contra su peso e incluso padeció anorexia durante dos años. A día de hoy, superados todos sus problemas, lleva más de treinta años impartiendo talleres a personas que sufren de trastornos de la alimentación. Ha publicado ocho libros, entre ellos Cuando la comida sustituye al amor y Basta de dietas. Vive en California con su marido.

Cada práctica, cada consejo, cada herramienta que nos ofrece en sus libros están pensados para conducirnos a un estado en el que podamos prescindir de ellos.

Otra Excelente Publicación de 

Crisis Nuclear en Japón

Camino a la Grandeza expresa sus condolencias a los familiares de las víctimas del terremoto de Japón. Nuestros pensamientos están con las personas que afrontan la amenaza de un desastre nuclear, las consecuencias de un terremoto devastador y de un tsunami. Greenpeace continuará supervisando la situación y proporcionando información independiente sobre cómo evolucionan las centrales nucleares japonesas.

¿Qué puedes hacer tú?

Copyright © 2011 Greenpeace & CHM (Camino a la Grandeza) Todos los Derechos reservados.

Vivir Mejor: Dulce batata

Este falso tubérculo es una sabrosa elección para acompañar numerosos platos o para ser protagonista por sí solo.

Lejos estaba Cristóbal Colón de saber que esa raíz que llevó a España después de su primer viaje, y no causó buena impresión entre sus contemporáneos, se convertiría en uno de los alimentos más populares, tanto del llamado nuevo como del viejo continente, y se pondría de moda en la nueva cocina del siglo XXI. El navegante la había encontrado en Haití, en donde en lengua taína la llamaban batata, siendo rebautizado en la Península Ibérica como patata de Málaga o boniato, como también se le conoce en muchas partes del mundo.
La raíz era ampliamente consumida por los pobladores de América, quienes conocían y aprovechaban su gran valor nutritivo, desde muchos siglos antes de la Conquista. De hecho, junto con el maíz, la yuca y la papa, constituía la base de la alimentación, incluso de los habitantes de lo que es hoy día Estados Unidos.

Falso tubérculo
La batata (ipomoea batatas) es una convolvulácea. No es un tubérculo en sí, sino una raíz tuberosa que almacena nutrientes. Puede pesar entre 0,5 y 3 kilos y generalmente presenta una forma alargada. Es una planta con más de cuatrocientas variedades, que se diferencian tanto por el color de su piel y de la carne como por su textura, suave o áspera. Las más consumidas son las de pulpa blanca, amarilla y morada.
Investigaciones realizadas indican que la densidad alimenticia de la raíz es muy alta; la mayoría de sus nutrientes son los hidratos de carbono, compuestos por igual por almidones complejos y azúcares simples. Éstos últimos son más numerosos cuanto más madura está la verdura y más tiempo ha estado almacenada; lo cual unido al hecho de que gran parte de su fibra es soluble, hace que sea un alimento de fácil digestión. En esta verdura el contenido de grasas es mínima. Posee gran cantidad de vitaminas y minerales, lo que le proporciona un poderoso efecto antioxidante.

Versátil y combinable
En cuanto a los tipos de recetas que se pueden elaborar con ella, son muchas y variadas, pues su textura y sabor se adaptan perfectamente. Así, puede probarse en sopas y cremas, templada o fría en ensalada; en tortillas y revoltillos; formando parte de las pastas, como es el caso de los ñoquis; con verduras y en hervidos y potajes de todo tipo; cortada en pequeños trozos, escaldada y salteada al estilo oriental; frita y crujiente o rebosada; en masas para rellenar vegetales como calabacín o berenjenas, o para hacer empanadas, crepes, terrinas, buñuelos, croquetas, mouses, soufflés o filetes. En fin, su versatilidad es inmensa.
En cuanto a sus mejores combinaciones, hay que distinguir aquellas donde se busque potenciar sus cualidades, o las que brinden mayor contraste. La batata tiene un sabor peculiar, que oscila entre la papa, la zanahoria, la castaña, y las almendras, y un paladar dulce entre zanahoria y auyama. Así que por afinidad, además de esos ingredientes, combina con nabos, remolacha, champiñones, guisantes, orejones, quesos frescos, pastas, cuscús, bulgur, quinoa, arroz, maíz, entre otros. Por contraste, puede combinarse con ajo, ajoporro, rúcula, tomate, quesos curados y ahumados, espinaca, berro, granada, etc.
Usualmente la batata se asa o se sancocha, y suele cocinarse entera y con la piel, lavándola previamente. No debe comerse cruda. Si se trocea antes de prepararse, lo aconsejable es utilizarla rápidamente o sumergirla en agua para evitar que se oxide y oscurezca.

Alimento popular
El recetario tradicional donde protagoniza esta raíz es tan extenso como el número de países en los que se come.
En Puerto Rico, la cocinan asada, hervida o sancochada. Se consume con queso de hoja (casero) y como acompañante con pescado, carne, pollo o pernil.
En Perú, el camote, como se le denomina, es muy popular, y en muchos platos típicos reemplaza a la papa, siendo parte indispensable de la gastronomía de ese país. Se prepara en forma de fritura y cocida. Destaca como acompañante de los chicharrones, mayormente frito, y del conocido ceviche, en este caso sancochado.
En la República Dominicana, la batata se come de muchas formas: asada, sancochada, con coco en jalea, con piña, con habichuelas con dulce y frita.
En Estados Unidos, esta verdura es muy utilizada de forma caramelizada, como acompañante en la cena del día de Acción de Gracias.
En Cuba, es habitual encontrarla en las celebraciones familiares, ya sea Navidad o fiestas de cumpleaños. Destaca la batata frita o en almíbar. También el puré de boniato, como también se conoce, con ralladura de nuez moscada, para acompañar platos de carne o de otro tipo, de manera similar al puré de papas.
En Argentina, la batata es parte de comidas populares como uno de los ingredientes del puchero (guiso de verduras, papas, maíz, carne etc.) o acompañamientos (batatas fritas o en puré), y también en postre como el conocido “vigilante” que consiste en una porción de queso y una de dulce de batata, muchas veces mezclado con chocolate o con cerezas.
En Indonesia elaboran un dulce de plátano y batata, el kolak pisang ubi. Mientras que en Nueva Zelanda las asan en los hangi, unos hornos excavados en la tierra, bien envueltos en hojas durante varias horas.
En España son muy consumidas asadas, junto con las castañas y también se utilizan en repostería, como los pastissos que se toman en Valencia por Navidad.

Un toque gourmet
En la nueva cocina las posibilidades de la batata son muy amplias. A continuación dos recetas sencillas pero con un toque sofisticado que hace de esta raíz la protagonista de múltiples platos.

Crema de lentejas y batata
Ingredientes
230 gramos de lentejas cocidas
120 gramos de batata
100 gramos de nata
100 mililitros de caldo (carne o verduras)
Jengibre fresco, cúrcuma, pimentón picante, comino, aceite de oliva y sal
Preparación
Cocinar las lentejas con ajoporro, ajo y alguna especia al gusto.
Ponerlas en el vaso de la licuadora.
Incorporar la batata caliente y troceada.
Agregar el caldo, la nata y las especias, así como la sal.
Triturar hasta obtener una crema fina.
Probar para rectificar la sal si fuera necesario, volver a triturar incorporando un hilo de aceite, cantidad al gusto pero sin excesos.
Servir en platos o cuencos individuales.
Decorar con hojas de cilantro picaditas, espolvorear una pizca de pimentón y terminar con unas gotas de aceite de oliva.

Ñoquis de batata
Ingredientes
1kilo de batatas
Harina (la necesaria para que no se pegue)
2 huevos
Preparación
Pelar las batatas y hervir hasta que estén blandas.
Colocarlas en un recipiente y aplastarlas hasta formar un puré.
Agregar los huevos y seguir mezclando.
Incorporar la harina, poco a poco, hasta formar una masa que se pueda estirar sin que se pegue.
Cortar en trocitos y hervirlos 1 minuto, hasta que suban a la superficie.
Servir acompañados con queso de cabra fresco.

Vivir Mejor: A mayor descanso, menor obesidad

Un reciente estudio médico demuestra que dormir 10 horas diarias reduce, en los niños, el riesgo de sufrir de sobrepeso.

El despertador suena a las 5:00 de la mañana y, en Venezuela, como en otros países, son muchos los infantes que a esa hora ya deben estar en pie para que sus padres o el transporte escolar de turno los lleve al colegio. El asunto —visto por muchos como una “crueldad” contra las necesidades de descanso de los pequeños de la casa— se ha convertido en una cotidianidad inevitable, debida, principalmente, a los “tempraneros” horarios de las instituciones, a los que se suma el congestionado tráfico citadino, que obliga a salir de casa previendo la cola de costumbre.

Partiendo de este contexto, quizás es pertinente poner sobre la mesa la importancia que tienen las horas de reposo que deben cumplir los niños de acuerdo a su edad. Entre otras aristas del tema, recientemente se determinó, por ejemplo, que el sueño es una nueva arma contra la obesidad infantil. Esto según una investigación llevada a cabo por el Centro de Investigación Biomédica en Red-Fisiopatología de la Obesidad y la Nutrición (Ciberon), ubicado en el Hospital Clínico Universitario de Santiago de Compostela. Los resultados del estudio -pulicados recientemente por el diario El Mundo, de España, arrojaron, según una explicación química, que la falta de descanso aumenta la producción de ghrelina, la hormona que aumenta el apetito y, por el contrario, disminuye la leptina, que suprime el hambre. De manera que, quien duerme mal, come más.

Ni lo sueñan
El trabajo de campo de Ciberon fue puesto en práctica en un grupo de niños obesos, cuyas horas de descanso se disminuyen notoriamente, entre otras causas por padecer de trastornos como insomnio, apnea, ronquidos o sonambulismo y otras -más comunes en estos tiempos- como pasar un sinfín de horas nocturnas frente al televisor, la computadora o la videoconsola.

Ocho no son suficientes
Los especialistas de la salud recomiendan, como medidas de higiene del sueño las siguientes: Si bien los adultos deben dormir entre seis y ocho horas diarias, los niños deben cumplir hasta 10 horas de descanso, conducta que reduce en 36% su riesgo de padecer de sobrepeso. Adicionalmente, debe evitarse la estimulación de la actividad cerebral de los pequeños -por lo menos- una hora antes de acostarse. Esto se traduce en asuntos como: ubicar el televisor fuera de la habitación y no leer en la cama, entre otras típicas costumbres domésticas a erradicar en pro de la calidad de vida de quienes están en constante desarrollo orgánico.

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