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Necesitamos la naturaleza @GreenpeaceArg

Somos parte de la Tierra. Necesitamos estar en contacto con la naturaleza. Necesitamos respirar aire puro, escuchar los sonidos del aire, el canto de los pájaros, del agua. Necesitamos sentir el sol y el aire, la playa, la montaña, los árboles, la grama…

Algunos sienten esta necesidad con más fuerza que otros. Algunos no están conscientes de la falta que les hace, pero basta que tengan unos tres días libres para irse desbocados de la “selva de cemento”.

En muchos casos llevamos una vida antinatural. No me refiero a que debamos renunciar a las comodidades del agua potable tibia y todas las facilidades que da la tecnología. Me refiero a que también necesitamos estar Somos parte de la Tierra. Necesitamos estar en contacto con la naturaleza. Necesitamos respirar aire puro, escuchar los sonidos del aire, el canto de los pájaros, del agua. Necesitamos sentir el sol y el aire, la playa, la montaña, los árboles, la grama…

Algunos sienten esta necesidad con más fuerza que otros. Algunos no están conscientes de la falta que les hace, pero basta que tengan unos tres días libres para irse desbocados de la “selva de cemento”.

Pasar un día viendo televisión, rodeados de ondas electromagnéticas de los celulares, microondas, etc. etc. no nos energiza. Ir a un parque, pisar la grama, tocar un árbol nos da energía vital.

“En las ciudades del hombre blanco no hay ningún lugar sereno. Ningún lugar donde se escuche el despliegue de las hojas en primavera o el susurro de las alas de los insectos”, dijo en 1854 el jefe indígena norteamericano Noah Sealth, cuyas palabras han recorrido el planeta, compiladas como la “Carta por la Tierra” de un jefe piel roja. Sus palabras son un manifiesto ecologista que hoy más que nunca tiene vigencia.

2010 © Luis Padrón, Teresa Leon & GREENPEACE® Argentina

Relato de vida: Juan Valladares

“Soy un ganador”

Al año de nacido me dio una fiebre alta y me llevaron, muy débil, al hospital. Al día siguiente, las enfermeras se dieron cuenta de que mi pierna derecha había perdido movilidad… estaba como muerta. Ya no había nada que hacer. Los médicos hablaron con mi mamá y le dieron el diagnóstico: poliomielitis.

Yo vivía en Boconó, un pueblo del estado Trujillo que para la época tenía escasos servicios de salud. La vacuna de esa enfermedad ya existía, pero no había llegado a la zona donde residíamos. Cuando mi mamá se enteró de lo que yo tenía pensó que me iba a quedar postrado en una cama por el resto de mi vida. Desesperada, buscó orientación y se vino a Caracas, conmigo en brazos. Me llevó al Hospital Ortopédico Infantil, donde los especialistas le dijeron: ‘Juan no podrá caminar nunca. Vivirá con las secuelas de la polio’. La enfermedad me dejó con parálisis en los miembros inferiores.

A los 2 años me hicieron una operación de caderas  para mejorar la movilidad. Después de esa intervención me dieron de alta y cada tres meses tenía que visitar el Ortopédico para hacerme chequeos médicos. En una de esas visitas me dejaron hospitalizado todo un año. Durante ese tiempo, en una nueva operación, me alargaron unos centímetros la pierna derecha, porque estaba muy atrofiada. Tenía 7 años. Fueron muchos yesos, aparatos… fueron meses encerrados en el cuarto del hospital. Entre los 2 y 11 años me operaron nueve veces.

Fue realmente traumático. ¿Mi infancia? Con límites. No podía jugar con los amiguitos porque corría el riesgo de que se me infectaran los puntos de las operaciones. Recuerdo en especial un día, estando en la escuela, que pedí permiso para ir al baño, pero como aminaba tan aparatosamente por las muletas, no llegué a tiempo y me hice pipí. La impotencia que sentí fue grande.

En un momento tuve que abandonar la primaria, porque además de las frecuentes operaciones me internaban para guiarme en el proceso de adaptación a las muletas y, en particular, a un aparato de hierro con correas que se extendía desde la parte alta del fémur hasta el tobillo y, aunque con dificultad, me ayudaba a moverme.

Cansado de tantos médicos, a los 12 años dije que no quería ir más al Ortopédico porque no veía resultados… siempre estaba igual. A pesar de tantos esfuerzos, igual al final no iba a poder caminar normalmente y estaba perdiendo mi infancia aislado en el cuarto de un hospital. ‘Así soy, mamá. Así me toca vivir y lo acepto’, le dije.

Cuando tenía 18 años un señor, también discapacitado,que estaba cerca de mi casa me invitó a participar en un club de baloncesto. Muy entusiasmado, asistí a los entrenamientos por seis meses y empecé a moverme en la silla de ruedas para deportistas. La velocidad que desarrollé fue impresionante… fue un maravilloso descubrimiento para mí.

El grupo de baloncesto se disolvió. Pero, como yo ya me manejaba con velocidad y agilidad sobre la silla, empecé a practicar atletismo en un club de Guarenas. En ese momento el deporte representó un refugio para mí, porque era una manera de alejarme de mi entorno: una zona de Petare, donde la droga y la delincuencia eran comunes en los jóvenes. Yo nunca quise ese camino para mí.

Lamentablemente, el 8 de febrero del año 2000 esa violencia de la que rehuía nos tomó por sorpresa en mi casa. Yo estaba descansando de un entrenamiento y llegó una mala noticia: uno de mis tres hermanos, José Luis, de 18 años, quedó atrapado en una balacera y murió. Su partida significó para mí un antes y un después. Me impulsó a trabajar para ser el mejor en el deporte. Pensé: ‘Juan, eres un discapacitado, pero no un incapacitado para crecer y llegar de primero.

Recuerdo que le había prometido a mi hermano que iba a ser un buen atleta. Y así fue. Llegué a pasar hambre y a dormir en el suelo algunos días de entrenamiento, pero con mucha disciplina y sacrificio me entregué en cuerpo y alma al atletismo. ¿Por qué esa especialidad? Porque me gustan la velocidad y la rapidez. A veces me viene a la cabeza el día que siendo niño no pude llegar al baño por falta de velocidad… ese recuerdo me ha impulsado en muchas ocasiones.

Ya tengo nueve años como atleta de la Selección Venezolana de Deportes sobre Silla de Ruedas. He viajado a siete países y he ganado siete medallas en competencias internacionales. Actualmente mi récord en los 100 metros es de 14 segundos con 80 milésimas, y en los 400metros es de 49 segundos con 77 milésimas. Es una de las mejores marcas del mundo.

En Caracas, he llegado en primer lugar en las carreras más importantes de 10 y 12 kilómetros. En la última que participé gané medalla de oro (el recorrido lo hice en 23 minutos). El año pasado cumplí uno de mis sueños: asistí a las Olimpíadas de Beijing. De 124 atletas de diferentes países, quedé de número 21. Ahora me preparo para una competencia en India.

Yo no me arrepiento de nada, ni tampoco le reclamo a Dios nada. Mi vida me ha gustado, especialmente desde que asumí lo que soy y me entregué al deporte. Mucha gente cree que un discapacitado es infeliz: yo no lo soy. Apoyado en mis muletas y rodando en mi silla he hecho lo que he querido. Además, continué con mis estudios: me gradué de bachiller y pronto cursaré informática. Voy por más.

Actualmente tengo cinco años con mi pareja y este año quiero vivir con ella. Yo nunca quise tener hijos por las condiciones en las que estaba, pero después de tanto trabajo, disciplina y logros, deseo ser papá. Quiero darle a mi hijo la infancia que yo no tuve. Especialmente ahora que soy un ganador. Así me siento”.

“Mucha gente cree que un discapacitado es infeliz: yo no lo soy. Apoyado en mis muletas y rodando en mi silla he hecho lo que he querido

El lanzador de estrellas…

Muchas veces tenemos gente que nos dice que no comer carne no va a hacer una diferencia, que debemos tener una religión fija. O vemos que el maltrato de animales esta pasando muy seguido, es abrumador y parece imposible hacer nada para hacer una diferencia.  Sé que lo he sentido así demasiado lejos demasiado a menudo. Un día vi este cuento sobre un joven arrojando estrellas de mar en el agua y me hizo comprender que todo lo que hacemos, no importa cuán pequeño, es importante y siempre sirve de algo.

Había una vez un hombre sabio que solía ir al océano para hacer sus escritos. Él tenía la costumbre de caminar en la playa antes de comenzar su trabajo. Un día, mientras caminaba por la orilla, miró hacia la playa y vi una figura humana que se movía como un bailarín. Se sonrió ante la idea de alguien a quien le baile al día, y así, apretó el paso para ponerse al día.

Medida que se acercaba, se dio cuenta de que la cifra era de un hombre joven, y que lo que él hacía no era bailar a todos. El joven estaba llegando a la orilla, recoger objetos pequeños, y tirarlos al mar. Se acercó más aún y gritó: “¡Buenos días! ¿Puedo preguntar qué es lo que estás haciendo?”

El joven se detuvo, miró hacia arriba, y respondió: “Arrojo estrellas de mar en el océano.”

“Tengo que preguntar, entonces, ¿por qué tirar estrellas de mar en el océano?” Para ello, el joven respondió: “El sol y la marea va a salir. Si no estan en el agua van a morir”.

Al oír esto, el sabio comentó: “Pero, muchacho, no te das cuenta que hay millas y millas de playa y hay estrellas de mar a lo largo de cada milla? Usted no puede hacer la diferencia!”

Ante esto, el joven se inclinó hacia abajo, recogió otra estrella de mar, y la arrojó en el mar. vio como se reunió con el agua, dijo, “yo marcó la diferencia para que una no muera”

Este cuento es de uno de los  Ensayistas, filósofos y naturalistas mas geniales que he podido leer Loren Corey Eiseley.

Amor: la fragancia de la meditación…

Amor: la fragancia de la meditación. Si meditas, tarde o temprano llegarás al amor. Si meditas profundamente, tarde o temprano empezarás a a sentir que nace en ti un inmenso amor que nunca antes habías conocido, una nueva cualidad de tu ser, una nueva puerta que se abre. Te has convertido en una nueva llama que ahora quieres compartir”.

Esta es una cita del libro “Meditación, la primera y última libertad”, de Osho, un maestro de la India que adaptó diversas técnicas milenarias de meditación para que el hombre occidental pudiera bajarle el volumen a su chat mental, entrara en silencio y en meditación -que el definía como un estado en el que estás totalmente presente en lo que estás viviendo.

Osho vivió años en Estados Unidos, escribió muchos libros, fue objeto tanto adoración como de rechazo por sus ideas. Como en todo, considero que cada quien puede decidir qué le sirve para su desarrollo y qué tomar específicamente de cada libro, corriente o maestro y qué dejar de lado.

A mí personalmente sus meditaciones me han servido mucho y son realmente terapéuticas. Ayudan a sacar bloqueos en el cuerpo y en la energía completa de la persona, a que se dé cuenta de actitudes, pensamientos, emociones, a ampliar la percepción; y, claro, lo más importante, a entrar en comunión con su lado espiritual, con el silencio, con la divinidad.
Las técnicas de meditación como las de Osho y otras que incluyen movimiento, danzas, respiración y mantras, nos ayudan por fases: Primero soltamos el estrés, se van reduciendo las tensiones del cuerpo; luego, se van liberando algunas emociones, y también se van aquietando los pensamientos. Y cuando ya uno entra en esa paz interior, se llena de amor, ¡siente amor realmente! Y ese estado en el que estás sin pedir, sin buscar nada, sólo sintiendo ese amor, y algunas veces, éxtasis, sintiéndose parte de un todo inmenso y amoroso, eso es meditación.

Cada experiencia es individual, incluso cuando uno ya ha hecho una técnica y la repite la experiencia normalmente es distinta cada vez. Por esto mismo podría decir que cada definición de meditación es única, según lo que la persona experimenta. Yo diría que lo que muchas veces llamamos meditación son en sí los “ejercicios”, ya sea físicos o mentales, para entrar en meditación, y ésta es un estado particular que va más allá de las palabras.

En lo que hay consenso y coinciden muchas corrientes es en afirmar que los beneficios de la meditación son observables en la salud física, emocional y psíquica de la persona, y esto redunda en mejores relaciones interpersonales y bienestar.

La meditación no está ligada a una religión o corriente. Podemos sentirnos muy cercanos a Jesús, por ejemplo, y tomar una técnica de la India para entrar en comunión con él.

Las técnicas de meditación son un camino, y el destino depende de tu estado y tu mundo interior.

Si estas en Venezuela y deseas disfrutar en grupo o  individual  de la mejor secion de meditación escribe a: http://teresaleon7@yahoo.com Que ella es una excelente Profesora

Despertemos por nuestra pachamama…

La madre tierra es una gran maestra de amor, entrega y paciencia. Siempre alimentando y sosteniendo a cada uno de los seres que vive en ella.

Al reconectárte con tu maestro interno, descubres que la situación actual del planeta es una proyección de la consciencia colectiva y es también una invitación al cambio.

Cuando te responsabilizas por tu casa natural te unes en el despertar de una mentalidad ecológica. Te ofreces a mirar las sombras de tu interior que han reflejado un planeta apaleado y que han contribuido con lo que que ahora ocurre en tu entorno.

Seguir el camino de tu interior, te permite reconoces que dentro de ti se alberga un ser lleno de amor y solidaridad. Al acudir a esta fuente interna puedes parar el egoismo y la agresividad que se plasma en tu madre tierra y convertirte en parte del movimiento del cambio.

La fuerza del amor, te permite comprender que todo esta interrelacionado, reconoces que ayudar a la naturaleza es ayudarte a ti mismo.

Cuando te conectas contigo, tu guía interna te muestra los obstáculos en la mente que han causado un mundo así y te ayuda a despojarte de todo aquello que no contribuye a tu elevación de consciencia. Los pensamientos de inconsideración se esconden en el inconsciente de la mente, es por ello necesesaria una revisión y limpieza de esas ideas que causan daño a nuestro entorno.

Al cambiar tu mentalidad cambia tu actitud y tus acciones. Pasas de ser un tomador y despilfarrador de recursos a ser un dador de cuidado, protección y ayuda.

Este tiempo de un cambio global, es un perfecto momento para centrarte y contemplar la verdadera naturaleza espiritual de todo. Al abrir tu corazón, descubres cómo tu sabiduría interna te muestra el momento y el modo perfecto en el que puedes ayudar.

Tu fuente espiritual te recuerda que todos somos UNO. Al recordar esta unidad, te fortaleces y reconoces que todo lo que haces por los demas, en realidad lo haces por ti.

Tu solidaridad en un acto de amor propio.

Cada elección que haces desde el amor tiene un reflejo multiplicador. Es hora de pensar nuevamente con mente unificadora.

Escucha a tu corazón y siente como dentro de ti palpita la Madre Tierra.

Es tu vida. Es tu planeta.

¡Tu nueva mentalidad puede crear una nueva tierra!

En el camino…

En el camino aprendi que legar alto no es crecer. Ni que escuchar es oír. Ni lamentarse es sentir. Que mirar no siempre es ver. ¡Ni acostumbrarse es amar ..!

En el camino aprendí…

Que andar solo no es soledad …
Que la cobardía no es paz.
Ni se es feliz por solo sonreír.
¡Y que peor que mentir es silenciar la verdad!

Que puede un sueño de amor abrirse como una flor y como esa flor morir … pero que en su breve existir: ¡Es todo aroma y color …!

El camino me enseñó: Que no es sumisión la humildad. La humildad es ese don que se suele confundir: “No es lo mismo ser servil, que ser un servidor …”

Cuando vayan mal las cosas como a veces suelen ir, cuando ofrezca tu camino solo cuestas que subir, cuando tengas poco haber pero mucho que pagar, y precises sonreír aún teniendo que llorar, cuando el dolor te agobie y no puedas ya sufrir… descansar acaso debes, pero nunca desistir

¡Cuando todo esté peor, más debemos insistir!

En mi largo camino aprendí que los amigos son:

Para el frío: ABRIGO.

Para la oscuridad: LUZ.

Para el miedo: REFUGIO.

Para la adversidad: ESPERANZA.

Y para aquellas personas que lean esto, también ofrecerles mi amistad…

Frase del Dia

Si supiera que el mundo se acaba mañana, yo, hoy todavía, plantaría un árbol
Martin Luther King