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No le echen la culpa a la juventud (Dr. Cesar Landaeta)

Son muchas las personas que recientemente se me han acercado a plantearme el problema de la “pérdida de valores de la juventud”. He encerrado entre comillas la frase anterior, debido a que la misma es un cliché sostenido por todas las generaciones anteriores a la nuestra y evidentemente, no hemos progresado mucho en la actual.

Mi respuesta a esta inquietud de los adultos es casi siempre la misma: los jóvenes, al igual que el resto de la especie humana, anda siempre en busca de la satisfacción de sus placeres y ese afán es el principal motivador de las conductas que se asumen cada día.

Tal cosa no sería ningún problema, si en la sociedad hubiera más formas de canalizar los ímpetus juveniles y menos sistemas represivos, críticas moralistas o refuerzos para la inmadurez.

Cuando el adulto es un modelo efectivo de cómo se puede postergar la meta placentera en función de la realidad, el joven aprende cabalmente mejores formas de comportarse. Pero mientras sigamos manteniendo el slogan del “negrito del Batey”, el cual afirmaba en su canción que el trabajo era un castigo de Dios; mientras siga habiendo hombres y mujeres que hace ya un buen rato dejaron atrás la adolescencia, comportándose en las carreteras como pilotos de la Fórmula Uno y en las fiestas, tomándose hasta la última gota que queda en las botellas, para luego relatar pública y jocosamente los disparates que hicieron en medio de la borrachera, estaremos condenados a seguir repitiendo consignas antiguas sobre la juventud y lamentando las consecuencias de una terrible falta de contención en el medio social.

No es moralizando, ni criticando amargamente como vamos a progresar en ese sentido, sino asumiendo que somos los adultos quienes tenemos el deber de enseñar con alegría y persistencia, que hay mejores formas de sentir placer y que en una convivencia sana, en la que se descarte la flojera, la irresponsabilidad, la violencia, la enemistad y la evasión por medio de las drogas, podremos tener una sociedad en la cual no haya que preocuparse por la falta de valores.

Volverse a enamorar (Dr. Cesar Landaeta)

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En mi tiempo de ejercicio profesional, fueron muchas las veces que escuché decir a quienes se habían separado o se sentían frustrados en sus relaciones de pareja, que el amor no existía, que todo era un engaño y que jamás se volverían a enamorar.

De aquellos que pensaban de esa manera, los más drásticos eran quienes habían desplazado su tristeza para convertirla en rabia y entonces confesaban por adelantado que a la próxima persona que conocieran, simplemente la iban a usar sin involucrarse para nada sentimentalmente.

La opinión que ese tipo de pacientes recibía de mi parte, era siempre la misma: hay que volverse a enamorar. ¿Por qué?, me preguntaban algunos de ellos a quienes tal consejo les parecía una tontería. Ellos pensaban que hacer semejante cosa era exponerse de nuevo al engaño, al fracaso y por ende, al sufrimiento.

Sin embargo, continuamente les insistía, y sigo insistiendo ahora, en que hay que enamorarse de nuevo. Lo que no debe repetirse es el error de escoger una persona equivocada, para entregarle lo mejor que tiene un ser humano, como son sus afectos.

Si usted se enamora honestamente de alguien a quien ha examinado previamente con cierta objetividad y cree que puede confiar en esa persona, pero resulta que usted cometió algún error de cálculo y terminan pagándole mal. ¿Quién pierde más? Y si usted decide, a partir de esa experiencia, apagar su llama interna y dedicarse a vivir sin sentimientos para protegerse del sufrimiento, ¿Quién pierde más? Piénselo.

Cada vez que alguien decide enfriar sus emociones y usar a los demás como si fueran objetos o enemigos de los que hay que defenderse, algo de la naturaleza humana se pierde un poco y el mundo se vuelve un lugar más hostil y seco para vivir.

Hacerse daño uno, sólo porque alguien le dañó en una oportunidad, es como darle la razón a quien actuó de mala fe. Es como decirle: “Ahora seré como tú”. Un fin muy triste para el alma.

En mi concepto, tiene mucha razón aquel que dijo que la mejor venganza era una buena vida.

Por eso… hay que volverse a enamorar.

¡Volvemos el Lunes!

Todos necesitamos irnos de vacaciones. Salir de la montaña o al mar descansar. Todos necesitamos; buscamos un momento de paz, un momento de alegría. Quisiéramos dormir más, comer mejor, estar en la playa, cambiar de nuestro mundo de rutina a nuestro mundo ideal de felicidad, porque las vacaciones lo que producen en nosotros es eso: Felicidad, descanso y re activación.

Por eso Camino a la Grandeza se tomo 12 días desde el 1ro de julio, pero no te preocupes este 12 de Julio volveremos con muchas ideas nuevas!Tenia que llenarme de esa fuerza para avanzar y encontrar esa inspiración para seguir adelante y la conseguí decidiendo cómo hacer las cosas y qué mejorar en mis post.

Este lunes volveremos con la Foto del día, la canción de la semana, Mis Inspiraciones, Mis recomendaciones y Diario de un amor x2… Ademas Publicaremos las Columnas Domingeras de El Dr. Cesar Landaeta x2 y de nuestra caminante y maestra Maytte Sepulveda x2.

Hombre en la playa con un ordenador portátil

Y siempre recuerda si sientes que tu pasión por vivir ha bajado, sino te sientes tan motivada(o), examina que es lo que

te está bajando e identifícalo pero acciona tomándote unas vacaciones hacia eso que te está afectando.

Te propongo que vivíamos nuestras vacaciones para llenarnos de inspiración, para aprender nuevas cosas, para ser más ágiles mentalmente, para hacer cosas que generalmente no hacemos, rompamos esa rutina que nos trata de eliminar la pasión de cada día.

Es tiempo de crear nuestra propia historia, nuestra propia experiencia, nuestro propio país de las maravillas, ¡decidamos¡ es solamente eso nuestra decisión y carácter para hacerlo AHORA!

Por mi parte salgo de vacaciones.

Nunca dejes tu Pasión por VIVIR…

El fantasma del pasado (Dr. Cesar Landaeta)

En tiempos recientes, varios lectores me han escrito para consultarme sobre el problema que se les presenta cuando de pronto, en su vida actual, les aparece un personaje con quien una vez se relacionaron como pareja y que parecía haber quedado muy atrás en la historia.

Debido a la particularidad que tiene el cerebro humano de trabajar con imágenes fotográficas y conectarse con las emociones ligadas a ellas, estas personas pueden llegar a creer que el tiempo no ha transcurrido y que el “fantasma” que ahora sale de las sombras de la memoria, puede volver a ocupar el lugar que una vez perdió.

Lo más lamentable de esas situaciones, es que la confusión que genera el “resucitado” puede llegar a ser tan grande, que pone bajo cuestionamiento lo que uno ha logrado alcanzar desde la última vez que se encontró con él.

Una mujer que hoy vive bien, con una buena pareja y una familia estable, puede sentir que se le estremece el piso cuando se enfrenta con aquel individuo a quien amaba hace tiempo y que le hizo vivir instantes apasionados, pero que se alejó con otra, sin reparar en el dolor que dejaba tras de sí.

Igualmente, un hombre que ha superado etapas de sufrimiento a causa de la frialdad de una mujer que le abandonó sin miramiento alguno, puede poner en jaque su estabilidad sólo por recordar los momentos buenos o los mejores rasgos de la personalidad de una aparición personificada ahora en un “ángel caído del Cielo”.

La experiencia ha probado que, sólo en contados casos, ese tipo de encuentros produce algún monto de felicidad o una reparación de lo que se destruyó en su momento. La mayoría de las veces, la insatisfacción es muy grande.

Ciertamente, no es sensato arruinar un presente que se ha trabajado con ahínco y esperanzas, en aras de rescatar los restos de un naufragio antiguo, con el cual no hay garantía de un futuro mejor.

Si no hay nada que pueda peligrar hoy en día y si el “fantasma” ha cambiado hasta el punto de volverse una realidad, pase. Pero en caso contrario, los mitos deben seguir en la mitología.