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La risa de los niños es la música del amor…

Desde hace una semana mi casa parece un Kinder Garden ya que mi tía se esta quedando a dormir en mi casa y con sus hijos, mi hermano y mis otros primos forman una divertida y a veces polémica pandilla.

Siempre he tenido un ángel para los niños pero nunca había tenido la maravillosa experiencia de compartir con tantos niños y de aprender e su manera de ver la vida. Gracias a DIOS por permitirme comprenderlos y aceptarlos.

Jugar con ellos es una maravilloso momento en donde se frustran, ríen y actúan libremente sin complejo, sin miedo, con autenticidad y sobre todo con originalidad. Su risa me llena el corazón pero su inocencia y sentimientos me invitan a aprender y reflexionar.

Seguiré enseñándolos eso si sin presión a ser como son y a no permitir que la sociedad mate su inocencia y su niñez.

Hoy me gustaría que ustedes me envíen sus experiencias con sus hijos, nietos y sobrinos  para que ustedes mismos se den cuenta lo que se puede aprender de un niño

No Esperes

No esperes una sonrisa para ser gentil.
No esperes ser amado para amar.
No esperes quedarte solo para reconocer el valor de quien está a tu lado.
No esperes quedarte de luto para reconocer quién hoy es importante para tí.
No esperes la caída para recordar el consejo.
No esperes la enfermedad para reconocer cuán frágil es la vida.
No esperes tener dinero a montones para entonces contribuir.
No esperes por personas perfectas para entonces enamorarte.
No esperes el dolor para pedir perdón.
No esperes la separación para la reconciliación.
No esperes elogios para creer en tí mismo.
No esperes el dolor para creer en la oración.
No esperes el día de tu muerte sin antes amar la vida!

Se siempre tú, auténtico y único!

Estrategia para ser feliz (Maytte)

Esta semana quiero compartir con ustedes la siguiente historia…

“Dos hombres, ambos gravemente enfermos, ocupaban la misma habitación de un hospital. Uno de ellos tenía vista a una ventana y podía sentarse, mientras que el otro permanecía inmóvil, acostado, sin poder moverse.

Los dos hombres conversaban por horas y horas. Hablaban sobre sus familias, sus trabajos, de sus sueños, de sus frustraciones, su juventud. Pero, en las tardes, el hombre que estaba frente a la ventana y sí podía moverse, se pasaba el tiempo describiéndole a su compañero el paisaje que veía desde allí.

Mientras le describían el paisaje y las cosas que ocurrían afuera, el otro comenzaba a revivir, como si su mundo se agrandara con todos esos detalles, colores y figuras del mundo exterior.

Se divisaba desde la ventana un hermoso lago con cisnes, personas caminando, niños jugando con pequeños barcos de papel; jóvenes enamorados que caminaban abrazados entre flores; grandes y hermosos árboles que adornaban el paisaje y una ligera vista de la ciudad, que podía verse a la distancia.

Como el hombre de la ventana describía todo esto con gran lujo de detalles, el hombre de la cama podía cerrar los ojos e imaginarse todas esas pintorescas escenas.

Una cálida tarde de verano, el hombre de la ventana le describió los detalles de un desfile que pasaba por ahí. También le narraba la salida del Sol, y ni hablar de ese fenomenal arcoíris que salió después de una tremenda tempestad. Así todos los días describía un detalle diferente, algo nuevo y llamativo que sucedía afuera, resaltando, en cada frase, el bello milagro de la vida que se desarrollaba alrededor de ellos.

Pasaron los días y el amigo de la ventana fue dado de alta, así que el otro enfermo, que ya se sentía mucho mejor y podía incorporarse, le pidió a la enfermera que lo pusiera en la cama que acababa de dejar su compañero, al frente de la maravillosa ventana, para poder tener la dicha de ver todo ese paisaje por sí mismo. Cuál sería su sorpresa al ver que desde la ventana sólo se veía un muro alto pintado de blanco, y nada más.

El hombre frustrado y muy confundido, le preguntó a la enfermera qué pudo haber obligado a su compañero de cuarto a describirle tantas cosas maravillosas a través de esa ventana. La enfermera le contestó: ‘En realidad, es muy extraño todo esto, pues él era ciego, tal vez lo que deseaba era darle ánimo'”.

Tómate el tiempo necesario para descubrir qué es lo que te gusta hacer, qué te hace vibrar, qué te entusiasma, qué te apasiona… Siente la música, las artes, la naturaleza, disfruta la comida, el deporte, el baile. Sorpréndete con la tecnología, la investigación… y una vez que lo identifiques, haz una lista con tu corazón. Hazlo parte de ti, incorpóralo a tu vida, poco a poco, y crea una estrategia para hacer aquellas cosas que te hacen feliz.

Toma el tiempo necesario para descubrir qué te gusta hacer… y una vez que lo sepas, incorpóralo a tu vida

El buen vivir (Maytte)

“La mayor parte del tiempo vivimos en función de todo lo que tenemos que hacer o resolver cada día, librando continuas y duras batallas con nosotros mismos o contra otros”

Hace un par de días me levanté muy temprano a preparar el tema de una conferencia que tendría en las horas de la tarde, y como disponía de tiempo, tuve la oportunidad de disfrutar de la salida del Sol desde la ventana del hotel donde estaba hospedada. Me pareció increíble tener el tiempo para poder contemplar tal despliegue de luz y color. Pero lo que más me sorprendió fue que, al mirar hacia la calle, ninguna persona levantaba la vista para observarlo, todos caminaban apresuradamente, como si de esta manera pudieran acelerar el tiempo y llegar más rápido a donde se dirigían.

Para mí, fue una campanada, una señal de alerta de que vivimos atrapados por la rutina diaria, que nos impide reconocer y disfrutar todo lo que sucede alrededor; y de que es necesario detenernos un poco para atender las cosas verdaderamente importantes de la vida.

El gesto me dio el espacio necesario para reflexionar en que la vida se nos pasa rápidamente entre la toma de una decisión que puede mejorar nuestra calidad de vida y el tiempo que nos lleva volverla una acción concreta; entre el deseo inusitado de hacer algo y el momento de realizarlo, o simplemente esperando el momento ideal o las condiciones que supuestamente necesitamos para lograr, al fin, lo que tanto deseamos… posponemos y posponemos, como si muy en el fondo de nosotros creyésemos que tendremos el tiempo para hacerlo en otro momento, o como si pensáramos que las cosas ocurrirán sin que tengamos que hacer algo concreto para que así sea. Pero lo cierto es que, muchas veces sin ninguna conciencia, dejamos que el tiempo se nos pase, sin que busquemos los elementos o las condiciones favorables y necesarias para tener o construir la vida que queremos.

La mayor parte del tiempo vivimos en función de todo lo que tenemos que hacer o resolver cada día, librando continuas y duras batallas con nosotros mismos o contra otros llenos de frustración e insatisfacción, lamentándonos por lo que nos ha tocado vivir y, peor aún, sintiéndonos mal por lo que tienen otros, quienes, desde lejos, tienen la vida que deseamos para nosotros, perdiendo, así, la posibilidad de reconocer y resaltar todos los elementos buenos, agradables, mágicos, importantes y especiales que también forman parte de nuestra vida.

Claves del buen vivir

Valora todo lo bueno que te sucede cada día. No permitas que el estrés por cumplir con tus metas materiales, los asuntos pendientes y el exceso de responsabilidades confunda tus prioridades y te impida detenerte unos minutos para valorar y disfrutar de todo lo bueno que te suceda durante el día.

Confía en que eres capaz de conseguir tus metas. Sueña en grande, sin limitaciones ni temores, sé perseverante para que ningún obstáculo te detenga y fortalece la voluntad para que tengas la fuerza necesaria para trabajar hasta conseguirlas. Recuerda mantenerte abierto y atento para rectificar el camino que elegiste en caso de que sea necesario.

Mantente despierto. Cambia tu actitud, llénate de pensamientos y sentimientos positivos y de calidad que te hagan sentir optimista. Deja de esperar y comienza a actuar. El camino se recorre paso a paso.

por MAYTTE DOMINGO 22 DE NOVIEMBRE DE 2009 Revista Estampas